Juan José Arreola


Nació en Zapotlán el Grande (hoy Ciudad Guzmán), Jalisco, el 21 de septiembre de 1918; murió en Guadalajara, Jalisco, el 3 de diciembre de 2001. Ensayista, narrador y poeta. Estudió actuación en la Escuela de Teatro del INBA y actuó bajo la dirección de Rodolfo Usigli y Xavier Villaurrutia. Becado por el Instituto Francés de América Latina, viajó en 1945 a París, donde estudió declamación, técnica de actuación y fue comparsa de la Comedia Francesa. Fue corrector del FCE; director y fundador de la Casa del Lago; coordinador de ediciones de la Presidencia de la República; colaborador y actor en programas de radio y televisión; profesor de la FFyL; jefe de circulación de El Occidental; coeditor de El Vigía, Eos y Pan; fundador y director de Mester y las colecciones editoriales Los Presentes, Cuadernos y Libros del Unicornio; fundador y miembro del consejo literario del CME; fundador de diversos talleres literarios de la UNAM, IPN, DDF y SRE; dirigió seminarios de escritores cubanos en la Casa de la Américas; realizador del programa de televisión Aproximaciones; creador del título de la colección Breviarios, del FCE, y de la serie Nuestros Clásicos, de la UNAM. Formador de importantes escritores destacados en la segunda mitad del siglo XX, quienes acudieron a su taller literario y publicaron en Mester. Traductor del francés de temas artísticos, hizo una importante traducción de Francis Thompson. En 1992, la Universidad de Guadalajara creó el Centro de Investigación Teatral Juan José Arreola; en 1999 se construyó el Centro de Escritores Juan José Arreola y en 2002 se instituyó el Concurso Nacional de Cuento Juan José Arreola. Participó en algunos programas teatrales de Poesía en Voz Alta. Confabulario forma parte de las grabaciones de la colección Voz Viva de México, de la UNAM; que se editó en 1961, se reeditó en 1985 y se pasó a formato CD en 2002. Colaboró en América, El Hijo Pródigo, Eos, Letras de México, Novedades, PanSiempre! y Revista Universidad de México. Becario del CME, 1951 y 1953; y de El Colegio de México, en filología, 1945. Miembro del SNCA como creador emérito. Premio Jalisco de Literatura 1953. Premio Festival Dramático del INBA 1955 por La hora de todos. Premio Xavier Villaurrutia, 1963, por La feria. Premio Nacional de Periodismo, 1977. Oficial de Artes y Letras del Gobierno de Francia, 1977. Premio Azteca de Oro a la revelación anual de televisión, 1975. Premio Nacional de Ciencias y Artes (Lingüística y Literatura), 1979. Premio UNAM, 1987, en aportación artística y extensión de la cultura. Premio Jalisco de Letras, 1989. Premio Internacional de Literatura Juan Rulfo, 1990. Premio Internacional de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, 1992. Premio Internacional Alfonso Reyes, 1995. Doctor honoris causa, en 1996, por la Universidad de Colima, y por la UAM. En 2000, la Universidad del Claustro de Sor Juana, Casa Lamm, y el Centro Universitario de Integración Humanística y de Estudios Universitarios de Londres, le entregaron una de las 17 medallas a los sabios de fin del siglo XX.

Última actualización: 17 de octubre de 2016 a las 10:30

La personalidad de Juan José Arreola es única en el panorama de nuestras letras. Enjuto, nervioso, extrovertido, locuaz, es un juglar burlesco cuya pasión dominante es la palabra. Él mismo nos ha contado su vida en una página preciosa:

Yo señores, soy de Zapotlán el Grande. Un pueblo que de tan grande nos lo hicieron Ciudad Guzmán hace cien años. Pero nosotros seguimos siendo tan pueblo que todavía le decimos Zapotlán. Es un valle redondo de maíz, un circo de montañas sin más adorno que su buen temperamento, un cielo azul  y una laguna que viene y se va como un delgado sueño […] Nací el año de 1918, en el estrago de la gripa española, día de San Mateo Evangelista y Santa Ifigenia Virgen, entre pollos, puercos, chivos, guajolotes, vacas, burros y caballos. Di los primeros pasos seguido precisamente por un borrego negro que se salió del corral. Tal es el antecedente de la angustia duradera que da color a mi vida, que concreta en mí el aura neurótica que envuelve a toda la familia y que por fortuna o desgracia no ha llegado a resolverse nunca en la epilepsia o la locura. Todavía este mal borrego negro me persigue y siento que mis pasos tiemblan como los del troglodita perseguido por una bestia mitológica.
Como casi todos los niños, yo también fui a la escuela. No pude seguir en ella por razones que sí vienen al caso pero que no puedo contar: mi infancia transcurrió en medio del caos provinciano de la Revolución Cristera. Cerradas las iglesias y los colegios religiosos, yo, sobrino de señores curas y de monjas escondidas, no debía ingresar a las aulas oficiales so pena de herejía. Mi padre, un hombre que siempre sabe hallarle salida a los callejones que no la tienen, en vez de enviarme a un seminario clandestino o a una escuela de gobierno, me puso sencillamente a trabajar. Y así, a los doce años de edad entré como aprendiz al taller de don José María Silva, maestro encuadernador, y luego a la imprenta del Chepo Gutiérrez. De allí nace el gran amor que tengo a los libros en cuanto objetos manuales. El otro, el amor a los textos, había nacido antes por obra de un maestro de primaria a quien rindo homenaje: gracias a José Ernesto Aceves supe que había poetas en el mundo, además de comerciantes, pequeños industriales y agricultores […].
Soy autodidacto, es cierto. Pero a los doce años y en Zapotlán el Grande leí a Charles Baudelaire, a Walt Whitman y a los principales fundadores de mi estilo: Giovanni Papini y Marcel Schwob, junto con medio centenar de otros nombres más o menos ilustres… Y  oía canciones y los dichos populares y me gustaba mucho la conversación de la gente de campo.
Desde 1930 hasta la fecha he desempeñado más de veinte oficios y empleos diferentes… He sido vendedor ambulante y periodista; mozo de cuerda y cobrador de banco. Impresor, comediante y panadero. Lo que ustedes quieran.
Sería injusto si no mencionara aquí al hombre que me cambió la vida. Louis Jouvet, a quien conocí a su paso por Guadalajara, me llevó a París hace veinticinco años. Ese viaje es un sueño que en vano trataría de revivir; pisé las tablas de la Comedia Francesa: esclavo desnudo en galeras de Antonio y Cleopatra, bajo las órdenes de Jean Louis Barrault y a los pies de Marie Bell.
A mi vuelta de Francia, el Fondo de Cultura Económica me acogió en su departamento técnico gracias a los buenos oficios de Antonio Alatorre, que me hizo pasar por filólogo y gramático. Después de tres año de corregir pruebas de imprenta, traducciones y originales, pasé a figurar en el catálogo de autores (Varia invención apareció en Tezontle,1949).
Una última confesión melancólica. No he tenido tiempo de ejercer la literatura. Pero he dedicado todas las horas posibles para amarla. Amo el lenguaje por sobre todas las cosas y venero a los que mediante la palabra han manifestado el espíritu, desde Isaías a Franz Kafka. Desconfío de casi toda la literatura contemporánea. Vivo rodeado por sombras clásicas y benévolas que protegen mi sueño de escritor. Pero también por los jóvenes que harán la nueva literatura mexicana; en ellos delego la tarea que no he podido realizar. Para facilitarla, les cuento todos los días lo que aprendí en las pocas horas en que mi boca estuvo gobernada por el otro. Lo que oí, un solo instante, a través de la zarza ardiente. ["De memoria y olvido", en Confabulario, México, Joaquín Mortiz, 1971].

Arreola dedicó, en efecto, sólo un par de décadas de su vida al ejercicio de la literatura escrita. En 1943, cuando contaba venticinco años, publica en Guadalajara sus primeros cuentos. En 1963, a los cuarenta y cinco de edad, aparece La feria, su último libro formal. Pero, además de sus libros, hace muchas otras cosas en estos años fecundos. Es actor en el Teatro de Media Noche, que dirigía Rodolfo Usigli. Y en 1947, en la única representación de Corona de sombras, la obra magna de nuestro dramaturgo, Juan José hace el breve papel del general Miramón. En la conversación final que tiene Maximiliano con los generales mexicanos que lo acompañarán en la muerte, el emperador les ofrece unos puros. Éstos debieron ser viejos y de mala calidad, y Arreola, que nunca había fumado, palideció y estuvo a punto de desmayarse por la náusea.

En 1950, cuando aún no se prestaba gran atención a las nuevas letras (la colección Letras Mexicanas, del Fondo, se iniciaría en 1952), Arreola se hace editor con la colección de cuadernos Los Presentes, editados con pulcritud y que continúan hasta 1956. Publica allí hermosos textos de Carlos Pellicer, Andrés Henestrosa, Ernesto Mejía Sánchez, Augusto Monterroso, José Pascual Buxó, Francisco Tario, Jaime García Terrés, Rubén Bonifaz Nuño, dibujos de Juan Soriano, y cinco de los mejores Cuentos (1950) del propio editor. Aparte de los cuadernos, en 1956 Arreola edita los primeros 50 títulos de la colección de libros también llamados Los Presentes. Junto a textos de escritores mayores, en esta serie da a conocer una legión de escritores jóvenes: Carlos Fuentes y Julio Cortázar se cuentan entre ellos. Y en fin, en 1958 y 1959 publica 28 Cuadernos del Unicornio, que divulgan obras iniciales de escritores como Emilio Uranga, Eduardo Lizalde y Fernando del Paso, entre otros.

La vocación de Juan José Arreola para guiar los pasos de los escritores jóvenes ha sido ciertamente memorable. Creo que él inició los talleres literarios. La revista Mester (1963-1967), que dirigió Arreola, recoge en sus doce números los primeros textos de escritores luego destacados, como José Agustín, Elsa Cross, Hugo Hiriart, Federico Campbell, José Carlos Becerra, Homero Aridjis, Jaime Sabines, Salvador Elizondo, Carlos Monsiváis y Vicente Leñero, entre los más notorios.  El novelista José Agustín reconoció las enseñanzas de Arreola con estas palabras:

Era universal, la verdad. Estaba todo el mundo y a todo el mundo le entregaba a tiempo. Y a todos nos dio, primero que nada, unas nociones de identidad propia; nunca quiso obligar a la gente a que escribiera bajo determinados patrones. Tenía la capacidad inmensa de poder reconocer los estilos incipientes de cada quien y ayudarlo a desarrollar su estilo. ["Arreola influenció a todos los de Mester", en Unomásuno, México, 26 de junio de 1985.

Siempre atraído por el teatro, en 1956 Arreola organizó el primer programa del innovador ciclo de llamado Poesía en Voz Alta, con una selección de poesía y teatro españoles y de piezas breves de Federico García Lorca. En la presentación que escribió para el ciclo dice que pretenden "jugar limpio el antiguo y limpio juego del teatro". Arreola fue uno de los recitadores y actores en este primer programa y en algunos de los siguientes de este ciclo de tan buena memoria.

Y además de actor, editor y guía de los jóvenes escritores, Arreola es ajedrecista, jugador de ping-pong, ciclista y aficionado a las encuadernaciones nobles, a los cristales bellos y a las viejas levitas. Y es también un escritor excepcional.

Cuando se publicó Varia invención en 1949,  un aire nuevo y fresco llegó a las letras mexicanas. Reaparecía la vida pueblerina, en cuentos como "Hizo el bien mientras vivió", "El cuervero", "Carta a un amigo zapatero", y "La vida privada", pero vista con una malicia burlona. Y había muchas novedades: cuentos de temas de historia antigua y de cuestiones teológicas; fantasías de sabor kafkiano y un "Monólogo del insumiso", en el que el innombrado Manuel Acuña cavila sobre el porvenir de sus versos. La novedad aparecía con un aire festivo, a veces socarrón, y en un lenguaje manejado con destreza y ajustado siempre a la índole de sus temas. En el último de los cuentos mencionados, por ejemplo, hay un complejo juego de alusiones a personajes y hechos relacionados con la historia del poeta: los amores con la lavandera, el memorialista Guillermo Prieto y la Dulcinea, que se llamaba Rosario de la Peña, y juicios sobre la poesía de Acuña, consignados en el monólogo del poeta que ha decidido suicidarse. El resultado es sugestivo, lo mismo para quien lee el cuento ignorando sus alusiones como para el que disfruta sus entretelas.

En el libro siguiente de Arreola, Confabulario (1952), las promesas de Varia invención se multiplican y los veinte cuentos son espléndidos. Forzando la selección, pueden destacarse "El guardagujas", atroz fantasía sobre nuestros trenes (que tiene alguna relación con cuentos afines de Charles Dickens y de Álvaro Mutis, según mostró Sara Poot Herrera); "El discípulo", acerca de dos aprendices de Leonardo da Vinci y su búsqueda de la belleza; "La canción de Peronelle", sobre el poeta francés Guillaume de Machaut; el conmovedor "Epitafio", que cuenta la vida de François Villon; "El lay de Aristóteles", que recrea una leyenda medieval acerca del filósofo; los "Apuntes de un rencoroso", variación sobre los celos; y el ingenioso "Baby H.P." que expone la posibilidad de aprovechar la energía que despilfarran los niños.

En los años siguientes al primer Confabulario de 1952, Arreola escribió nuevos cuentos que añadió en las ediciones posteriores –Confabulario total (1941-1961) y Confabulario, en la edición de Obras de J.J. Arreola, de Joaquín Mortiz, de 1971— a los que llamó "Prosodia". Entre ellos hay nuevas obras maestras: "Cocktail Party", que se refiere de nuevo a Leonardo da Vinci, ahora con Monna Lisa; la preciosa y desesperada "Balada"; "Tú y yo", otro variante del conflicto de pareja; "Anuncio", que lo es de una mujer de plástico cuyos atractivos se ponderan así: "Nuestras damas son totalmente indeformables e inarrugables, conservan la suavidad de su tez y la turgencia de sus líneas, dicen que sí en todos los idiomas vivos y muertos de la tierra […] Nuestras Venus –añade el anuncio— están garantizadas para un servicio perfecto por diez años –duración promedio de cualquier esposa." Y siguen otros cuentos notables sobre temas femeninos: el extraño acerca de "Una mujer amaestrada", y la inquietante "Parábola del trueque" que comienza como sigue: "Al grito de '¡Cambio esposas viejas por nuevas!' el mercader recorrió las calles del pueblo arrastrando su convoy de pintados carromatos". Y en el tomo llamado Palíndroma (Joaquín Mortiz, 1971) hay dos textos muy sugestivos: el relato extenso "Tres días y un cenicero", que refiere el encuentro de una estatua antigua en la laguna de Zapotlán, y "El himen en México", turbadora fantasía, cuyo tema puede ilustrarse con un libro reciente: Acechando al unicornio. La virginidad en la literatura mexicana, selección, estudio y notas de Brianda Domecq.

¿Por qué son fascinantes los cuentos y las prosas narrativas de Juan José Arreola? Puedo proponer estos motivos: la novedad de sus temas, su humor malicioso, la perfección de su elaboración y la calidad de su estilo. Al panorama temático de nuestros narradores, restringido a temas rurales y a experiencias personales, Arreola le descubre las posibilidades de la imaginación, el mundo de los artistas y poetas y su búsqueda de la belleza (Aristóteles, Leonardo da Vinci, François Villon, Guillaume de Machaut, Garci-Sánchez de Badajoz, Luis de Góngora, Manuel Acuña, Enrique González Martínez), de personajes y hechos históricos y de obras científicas intrincadas. Y nuestro cuentista logra trasmutar estos temas hasta volverlos entrañables y emocionantes. Otro tanto hace con cuestiones teológicas y morales como el libre albedrío, la predestinación y el drama de estar en el mundo. El dicho bíblico sobre la salvación del alma de los ricos y el camello que pase por el ojo de la aguja, le inspira un cuento precioso, "En verdad os digo."

El mundo de la mujer, el amor y el destino de la pareja conyugal suelen ser el campo de un humor maligno y de fantasías crueles y resentidas. Para Arreola, el erotismo es como una fascinación de abismo y de perdición. "Todo lo que he escrito –dijo Arreola—es el terror de saberme responsable y solo. Mi aspiración ha sido perderme. Las mujeres han sido trampas temporales y accidentales. Y tengo la necesidad de ser devorado." Al mismo tiempo, ha reconocido el peculiar talante de su humor:

Me siento feliz de haber desembocado en humorista. Quizá lo que más pueda salvarse de mí es el soplo de broma con que agito los problemas más profundos, ya sean floraciones del mar o floraciones celestes. Lo mismo hablaría yo de las negruras del abismo que de las alturas de la luz. Allí el viento de mi espíritu se mueve con una sonrisa macabra y funesta. Tal vez tengo una incapacidad para tratar en serio los grandes temas. Necesito salirme por la tangente de la pirueta. [Y ahora, la mujer…, México, Utopía, 1975.]

La composición y el estilo de los cuentos y fantasías de Arreola es una rara combinación de finura, imaginación y precisión. Sabe condensar en los rasgos expresivos más eficaces la materia de sus historias. Marcel Schwob, el escritor a quien más le debe la prosa de Arreola, decía que el objetivo del arte biográfico debería ser el de captar los rasgos únicos, distintivos de la vida del personaje, lo que constituye su identidad fundamental, su parábola propia, a ninguna otra semejante, en el firmamento de la vida colectiva. Los textos de Arreola que se refieren a personajes cumplen este propósito, con gracia y agudeza. Y otro tanto hace con sus criaturas imaginarias, encontrando siempre su rasgo único. De ahí su eficacia.

En sus textos más elaborados, Arreola prefiere las frases cortas y su adjetivación es de calidad excepcional. Borgeana, podría añadirse. Nunca es un adorno gratuito.

El Bestiario (1959), que acompañan dibujos de Héctor Xavier, es un ejercicio de observación y de inteligencia, en prosas de concisión e intensidad admirable para captar lo distintivo de los 23 animales o familias que describe. Detengámonos, como muestras, en las focas:

Perros mutilados, palomas desaladas. Pesados lingotes de goma que nadan y galopan con difíciles ambulacros. Meros objetivos sexuales. Microbios gigantescos. Creaturas animadas de vida infusa en un barro de forma primaria, con probabilidades de pez, de reptil, de ave y de cuadrúpedo. En todo caso, las focas me parecieron grises jabones de olor intenso y repulsivo.

En alguna entrevista, Arreola observó que "el animal es el espejo del hombre […] En el animal vemos nuestra caricatura, que es una de las formas artísticas que más ayudan a conocernos" (Y ahora, la mujer…, México, Utopía, 1973 , página 86).

Arreola escribió conceptuosos sonetos en su juventud, y que no ha coleccionado. Y probó el teatro en dos piezas en un actoLa hora de todos (1954), interesante y traducida al francés, y Tercera llamada (1971), que es quizá su única obra prescindible; e hizo buenas traducciones del francés de textos de su predilección, especialmente de Paul Claudel (reunidos en Bestiario, Joaquín Mortiz, 1972).

La feria (1963) es la única novela de Arreola y fue su despedida de la literatura escrita. Su tema es Zapotlán el Grande, tierra de su autor. Cuenta la historia y la vida del pueblo deteniéndose sobre todo en los conflictos de los naturales para recuperar sus tierras; en los grandes temblores que destruyeron el pueblo; en los azares de la organización de las fiestas de octubre en honor de San José, el santo patrono; en la aventura agrícola de un zapatero que se mete a campesino; en las maliciosas confesiones de un muchacho; en las aventuras de las mujeres de vida alegre que regentea María la Matraca, con la singular historia de Concha de Fierro y el torero Pedro Corrales; en los amores de un adolescente y los afanes culturales del Ateneo Tzaputlatena con la poetisa Alejandrina; en las historias de muchachas robadas y abandonadas; y en el castillo pirotécnico de don Atilano, incendiado por unos desalmados. El resultado de este cúmulo de historias es encantador, lleno de frescura y gracias. El contrapunto con que se van hilvanando los diferentes hilos y el lenguaje popular de la región, funcionan con naturalidad. Hay  frecuentes citas y trasposiciones de los profetas bíblicos y de los Evangelios apócrifos así como de documentos históricos (Sara Poot Herrera, Un giro en espiral. El proyecto literario de Juan José Arreola, 1992). En suma, Juan José Arreola escribió un hermoso y animado homenaje a su tierra natal.

En los años siguientes a La feria, Arreola dejó de publicar libros formales. Sin embargo, no se apartó de la literatura. Se ocupó de sus talleres y, de cuando en cuando, en entrevistas periodísticas y en coloquios contó su vida y sus ideas literarias. Y poco a poco lo fue absorbiendo la televisión, que supo aprovechar su simpatía, su capacidad para hablar con chispa e ingenio de todo lo divino y lo humano. Fue una dura tarea. Recorrió en un carruaje especial la república, viajó por el mundo e hizo una serie de conversaciones con Antonio Alatorre sobre temas literarios. Confieso que sólo lo he visto y oído en la televisión pocas veces, pero recuerdo que don Daniel Cosío Villegas, crítico temible, poco antes de morir, en 1976, me habló con admiración de los programas de Juan José. La televisión le dio fortuna aunque le alentó su propensión al despilfarro. Y a sus lectores nos hizo perder nuevos libros suyos, aunque muchos millares de televidentes disfrutaron del ingenio y el don verbal de Juan José Arreola.

Sin embargo, algo quedó impreso de estos años. En homenaje a los libros de lectura escolares que, a Juan José y a mí –pues compartí con él las primeras escuelas de Zapotlán—, nos hicieron descubrir y amar las letras escritas, en 1968 Arreola publicó la antología Lectura en voz alta, para despertar en los niños y los adultos el gusto por la literatura.

Arreola ha tenido la virtud de conquistar admiradores, admiradoras y discípulos. Uno de ellos, Jorge Arturo Ojeda, formó en 1969 una antología de cuentos de nuestro autor, precedidos por un extenso y minucioso estudio sobre su obra. Y el mismo Ojeda tuvo el acierto de recopilar, de entrevistas, declaraciones, coloquios y cursos, la que llamó la "prosa oral" de Arreola en dos libros muy interesantes. El primero se llama La palabra educación (1973) y está dividido en los siguientes incisos: Vida, Cultura, Conciencia, Los jóvenes, El maestro y Palabra. En uno de sus textos, dice Arreola:

Pertenezco al género confesional. Soy un hombre que siempre busca confidente […] Quiero morir sin que haya quedado oculta una sola de mis acciones. Entre sacerdotes de la infancia y médicos de la juventud, y amigos y amigas de todas las épocas, está mi vida hasta lo más vergonzoso. Todavía me queda esta última camiseta… hasta el hueso, pues.

La otra recopilación de la "prosa oral" de Arreola se llama Y ahora, la mujer… (México, Utopía, 1975). Es uno de sus libros más hermosos, por su sinceridad y agudeza. A modo de presentación, lleva un retrato de Arreola, escrito por una muchacha dibujante y pintora, que concluye así: "Los gestos angulosos dibujan actitudes de inteligencia. La delicadeza de su estructura ósea es responsable de una expresión corpórea en descomposición dramática: su esbeltez trae reminiscencias del ámbito teatral". Juan José Arreola se convierte en su propio espectador, asiduo y extasiado.

Bajo el título de Inventario (México, Grijalbo, 1976) reunió Arreola los artículos que escribió para el periódico El Sol, de la Ciudad de México. Son reflexiones sobre temas varios o cuestiones del día o bien traducciones de páginas destacadas o relatos de experiencias singulares. En una de ellas (página 151) relata su visita a Louis Jouvet, en París, quien le abre las puertas para que conozca el mundo del teatro francés de aquellos años. Y en otra página hay un recuerdo emocionado de Eugenio Ímaz, el filósofo español, entonces recién muerto en Veracruz.

Debemos a Arreola tres buenos estudios literarios. Su prólogo a los Ensayos escogidos de Montaigne (México, UNAM-Nuestros clásicos 9, 1959) muestra su familiaridad con la obra del creador del ensayo moderno; el "Posfacio" que escribió para Personae de Ezra Pound, con traducciones de Guillermo Rousset Banda (México, Editorial Domés, 1981) es una aguda reflexión sobre la validez de la poesía de Pound; y, en fin, el libro llamado Ramón López Velarde. Una lectura parcial (México, Fondo de Cultural Bancen, 1988), publicado en ocasión del centenario, ofrece comentarios acerca de la obra del poeta que ha sido afición entrañable de Arreola.

En la colección Voz Viva de México, de la UNAM, número 12, hay un disco con la voz de Juan José Arreola leyendo textos de Confabulario, presentado por Antonio Alatorre, con un notable estudio.

Además de las ediciones originales de sus libros, existe una serie de cinco volúmenes de Obras de J.J. Arreola, que editó Joaquín Mortiz en 1971, 1972 y en 1993.

La editorial de la Universidad de Guadalajara ha publicado un libro importante sobre la obra de Arreola: Sara Poot Herrera, Un giro en espiral. El proyecto literario de Juan José Arreola (1992).

Última actualización: 08 de octubre de 2014 a las 15:36

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  • Juan José Arreola. El guardagujas

    Lectura a cargo de: Alonso Arreola
    Estudio de grabación: Radio UNAM
    Dirección: Margarita Heredia
    Música: Alonso Arreola
    Operación y postproducción: Francisco Mejía / Cristina Martínez
    Año de grabación: 2012
    Género: Narrativa
    Temas: Juan José Arreola (Ciudad Guzmán, 1918-Guadalajara, 2001), escritor. A lo largo de su vida se desempeñó en varias facetas en torno al libro y la cultura, tales como encuadernador, corrector, profesor, editor, promotor cultural así como comentarista de radio y televisión, entre otros. Fue director fundador de Casa del Lago de la UNAM, la cual ostenta su nombre. Es autor de Confabulario, libro merecedor del Premio Jalisco de Literatura en 1953 y de otros volúmenes memorables: La feria, Varia invención, Bestiario o Palindroma, por citar sólo algunos. Debido a la calidad indiscutible de sus letras, a lo largo de su trayectoria también fue distinguido con el Premio Juan Rulfo de Literatura Latinoamericana y del Caribe, el Premio Ramón López Velarde y el Premio Nacional de Ciencias y Artes, entre otros. A continuación reproducimos “El guardagujas”, en lectura a cargo de Alonso Arreola, nieto del autor. En este cuento, clásico indudable de las letras mexicanas, se narra el encuentro entre el guardián de una estación de ferrocarril y un forastero. Eminentemente filosófico, el diálogo entre ambos personajes constituye una dilatada reflexión en torno al sentido de la vida. Agradecemos la colaboración musical de Alonso Arreola, así como la autorización para la comunicación pública de esta obra de Fuensanta Arreola. D.R. © UNAM 2012
  • Juan José Arreola

    Editorial: Dirección de Literatura UNAM
    Lectura a cargo de: Juan José Arreola
    Año de grabación: 1960
    Género: Narrativa
    Temas: Juan José Arreola (Cd. Guzmán, antes Zapotlán el Grande, 1918-Guadalajara, Jalisco, 2001), escritor, promotor cultural y editor mexicano. A lo largo de su vida desempeñó numerosos oficios, tales como encuadernador, corrector, profesor, editor, así como comentarista de radio y televisión, entre otros. Es autor de Confabulario, libro merecedor del Premio Jalisco de Literatura en 1953 y de otros volúmenes memorables: La feria, Varia invención, Bestiario o Palindroma, por citar sólo algunos. Debido a la calidad indiscutible de sus letras, a lo largo de su trayectoria también fue distinguido con el Premio Juan Rulfo de Literatura Latinoamericana y del Caribe y el Premio Ramón López Velarde. A continuación reproducimos una selección de textos narrativos, pertenecientes a Confabulario, uno de los títulos más sobresalientes de la literatura mexicana, originalmente publicado en 1952. Este material forma parte del acervo de la emblemática colección Voz Viva de México y fue grabado por la Dirección de Literatura de la UNAM. Agradecemos a la Dirección de Literatura su autorización para la comunicación pública de este material. D.R. © UNAM 2012



 
 
 Foto: Ricardo Vinós | CNL-INBA
Foto: Ricardo Vinós | CNL-INBA

Juan José Arreola

21 de septiembre de 1918
Ciudad Guzmán, Jalisco
03 de diciembre de 2001
Guadalajara, Jalisco


OBRA PUBLICADA


BIBLIOGRAFÍA RELACIONADA

Institución (es):
Casa del Lago Juan José Arreola
Fecha de ingreso: 1959
Fecha de egreso: 1961


Centro Mexicano de Escritores
Fecha de ingreso: 1953
Fecha de egreso: 1953
Becario

Centro Mexicano de Escritores
Fecha de ingreso: 1951
Fecha de egreso: 1951
Becario

Premio Nacional de Ciencias, Letras y Artes
Fecha de ingreso: 1979
Fecha de egreso: 1979
Ganador en el campo de Lingüística y Literatura

Premio Literario Internacional de Novela Novedades-Diana
Fecha de ingreso: 1986
Fecha de egreso: 1992
Jurado

Premio Xavier Villaurrutia de escritores para escritores
Fecha de ingreso: 1963
Fecha de egreso: 1963
Ganador con el libro "La feria"

Premio Internacional Alfonso Reyes
Fecha de ingreso: 1995
Fecha de egreso: 1995
Ganador

Eos
Fecha de ingreso: 1943
Editor

La Letra y La Imagen. Semanario cultural del periódico El Universal Ilustrado
Fecha de ingreso: 30 de septiembre de 1979
Fecha de egreso: 01 de marzo de 1981
Consejero de colaboración

Pan. Revista de literatura
Fecha de ingreso: 01 de junio de 1945
Fecha de egreso: 01 de agosto de 1946
Director fundador

Utopías. Revista de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México
Consejo editorial

Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde
Fecha de ingreso: 1998
Fecha de egreso: 1998
Ganador

Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo
Fecha de ingreso: 1992
Fecha de egreso: 1992
Ganador