El Colegio de México

 

Ante la situación social de España, a mediados de los años treinta, Daniel Cosío Villegas decidió invitar a algunos intelectuales españoles a México.

Trató el asunto con Wenceslao Roces, subsecretario del Ministerio de Educación de España, quien, para resaltar la importancia de la invitación, aseguró que el Gobierno de la República Española les daría a los intelectuales la categoría de “embajadores culturales”.

El mismo Cosío Villegas le propuso a Francisco J. Mujica, secretario de comunicaciones del Gobierno de México, una tarea “humanitaria y desinteresada”: invitar a cinco o diez destacados españoles, que como consecuencia de la guerra no podrían hacer su vida en España. Sugiere, entre otros, a Enrique Díez-Canedo.

El 1° de julio de 1938, Lázaro Cárdenas dictó un acuerdo que creaba en nuestro país el Centro Español de Estudios. La noticia se hizo pública el 20 de agosto, en el boletín del Departamento Autónomo de Prensa y Publicidad del gobierno, donde la nueva institución que aparece con el nombre de La Casa de España en México. El acuerdo firmado a la disposición del presidente de invitar a un grupo de profesores e intelectuales españoles para que vinieran a México a trabajar. La casa de España en México funcionaría como centro de reunión de trabajo para todos los españoles radicados en México.

El primer miembro de la Casa que llegó directamente del extranjero (en este caso de París) fue José Gaos, quién empezó a impartir cursos de filosofía en el Colegio de San Nicolás, en Morelia, Michoacán. Su segundo curso fue pronunciado en la Universidad Nacional, y tuvo gran trascendencia para la cultura mexicana de la época género obras y debates. A finales del año vinieron, entre otros, Enrique Díez-Canedo y Juan de la Encina. El último de los intelectuales españoles en llegar en 1938 fue Jesús Bal y Gay. Otros invitados llegarían después. Hubo quienes, como Dámaso Alonso, aceptaron la invitación, pero no se incorporaron a la Casa. Todos ellos empezaron a ejercer distintas actividades culturales: cursos, conferencias, publicaciones. Desde el principio, la institución presentó a los recién llegados en diversas universidades del país. En 1939, Juan de la Encina inició las actividades culturales de la Casa con cinco conferencias. La Casa planeó dar 26 cursos regulares, 50 conferencias libres en la capital y 154 en las universidades de provincia, durante el año. También participaron mexicanos como Antonio Caso, Alfonso Reyes y Enrique González Martínez. El poeta Pedro Salinas no perteneció a la Casa, pero sus conferencias fueron auspiciadas por ésta. La institución también otorga becas a mexicanos. La primera fue a Leopoldo Zea.

En cuanto a su organización, la Casa estaría gobernada por un patronato compuesto por el rector de la Universidad Nacional, un representante del Consejo Nacional de Enseñanza Superior y de la Investigación Científica (CNESIC), dependiente de la Secretaria de Educación Pública (SEP), y otro de la Secretaria de Hacienda. Pero no hubo un apego total a esto, pues el patronato pasó a ser Junta de Gobierno y no hubo representante del CNESIC, sino Instituto Politécnico Nacional (IPN).

El 12 de marzo de 1939 se firmó el acuerdo presidencial que designaba a Alfonso Reyes presidente del patronato de la Casa se trasforma en El Colegio de México, y que desempeñaría hasta su muerte en 1959. El patronato, pues, estuvo integrado como sigue: Alfonso Reyes (presidente), Daniel Cosío Villegas (secretario), Gustavo Baz (rector de la Universidad Nacional), Eduardo Villaseñor (subsecretario de Hacienda y representante del gobierno) y Enrique Arreguín (del IPN). Ellos seleccionarían a los artistas e intelectuales más distinguidos como miembros de la Casa y ayudarían a aquellos refugiados que no cabían en la institución a ingresar en otros centros culturales o de investigación. El modelo que tuvieron en cuenta los fundadores de la Casa fue la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, fundada en España en 1907 y su centro de Estudios Históricos de Madrid, con secciones especializadas, dirigido por Ramón Menéndez Pidal, y donde Alfonso Reyes hizo amistad con sus miembros después de la segunda guerra mundial. Cosío Villegas también se vinculó a la Junta poco antes de la guerra civil española.

Cárdenas dispuso que el gobierno le otorgaría a la Casa un subsidio anual, aunque desde el principio los dirigentes de la institución también pensaron en la ayuda de la iniciativa privada. La Casa tuvo dos despachos en la calle de Madero número 32, en la ciudad de México.

En 1939 se fundó una institución afín a la Casa: el Centro Español de México. Alfonso Reyes participó como vocal y Enrique Díez-Canedo como su primer presidente. La institución pretendía establecer bibliotecas y promover conferencias, cursos y exposiciones de artistas e intelectuales mexicanos y españoles. La primera conferencia que ofreció fue de Alfonso Reyes. Con el tiempo, la institución se transformó en el Centro Republicano Español de México.

Con la derrota de la República en España, un gran número de inmigrantes españoles llegó a nuestro país y trató de incorporarse a la Casa, la cual acogió sólo algunos médicos, cuya estancia allí sería provisional, mientras se buscaba su acomodo en instituciones más apropiadas a su especialidad. Las inmigraciones españolas produjeron la llamada Literatura del Exilio Español.

La Casa de España en México tuvo que expandirse y precisar su sentido. A finales de 1939 se propuso el nombre de “Centro de Estudios Superiores” que no tuvo éxito. La idea era que la nueva institución se dedicará a preparar, no a las masas, sino a la élite intelectual de México. Tal fue el motivo por el que se decidió restringir al campo de las humanidades y, en menor, medida a las ciencias sociales. Además debía llevar un hombre que indicara qué hora se trataba de una institución mexicana, con intereses nacionales. El nombre de El Colegio de México se adoptó definitivamente institución se convirtió en Asociación Civil, se mexicanizó y se universalizó a la vez. El nuevo Colegio, aunque recibió una aportación económica de la Universidad Nacional, rechazó incorporarse a ésta, pues ello supone adoptar sus planes y métodos. Además de la UNAM, otros patrocinadores de El Colegio fueron el Banco de México, el Gobierno Federal y el Fondo de Cultura Económica (FCE).

Uno de los primeros fines de El Colegio de México fue contar con estudiantes y profesores de tiempo completo. Para ello se ofreció a los maestros un sueldo atractivo que les permitiera dedicarse sólo a la enseñanza. A los estudiantes se les ofrecieron becas que les permitirían dedicarse exclusivamente a los estudios.

Los estudios se organizarían en “Centros”, cada uno con su director. Los dos primeros fueron el Centro de Estudios Históricos y el de Lingüística (actual Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios). Luego se instituyeron el Centro de Estudios Internacionales, el Centro de Estudios Orientales (actual Centro de Estudios de Asia y África), el de Economía y el de Demografía. Se le dio también importancia a la publicación de libros de los académicos de El Colegio, y a la revistas. A este respecto se dispuso que cada Centro tuviera su propia revista. En 1951 se empezó a publicar la revista Historia Mexicana, en cuyo Consejo de redacción participaron Alfonso Caso y Agustín Yáñez. Otras revistas de El Colegio son la Nueva Revista de Filología Hispánica y Diálogos, esta última -fundada por Ramón Xirau como un proyecto independiente-, fue patrocinada por El Colegio desde 1967 (número 13) hasta 1985.

Ante las limitadas contribuciones económicas a El Colegio la institución tuvo que acudir a la Fundación Rockefeller y después a la Fundación Ford. Mediante un convenio con la SEP, El Colegio obtuvo su autonomía. En 1962, el gobierno le dio un estatuto semejante al de una universidad autónoma.

Tras la muerte de Alfonso Reyes en 1959, Cosío Villegas ocupó la presidencia de El Colegio (1960-1963). Siguieron Silvio Zavala (1963-1966), Víctor L. Urquidi (1966-1985) Mario Ojeda Gómez (1985-1995) y Andrés Lira (1995-).

Desde 1976, El Colegio de México se encuentra en la calle Camino al Ajusco número 20, Pedregal de Santa Teresa, en la ciudad de México.



MIEMBROS INTEGRANTES
Este visor fue inspirado por el que desarrolló E-Algorab en la Academia Mexicana de la Lengua.


Estudio
EL COLEGIO DE MÉXICO

México
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BIBLIOGRAFÍA RELACIONADA

Catálogo editorial:

Miembros Integrantes:
Lida, Raimundo
Investigador
Ortiz y Ortiz, Raúl
Profesor
Rodríguez González, Yliana
Investigadora de proyecto
Tinat, Karine

Zavala Díaz, Ana Laura
Becaria de investigación e investigadora de proyecto