Enciclopedia de la Literatura en México

El Liceo Altamirano

A raíz del viaje que Altamirano tuvo que emprender en 1889 para desempeñar el puesto de cónsul general de México en España, con residencia en Barcelona, se fundó en la Ciudad de México el Liceo Altamirano, integrado en su mayor parte por los socios del Liceo Mexicano, corporación que despidió a su socio honorario, Ignacio Manuel Altamirano, con una solemnísima velada literaria.

Con fecha de 10 de febrero de 1890, escribió Altamirano a Manuel José Othón una carta en la que le puso de manifiesto que, por noticia leída en unos periódicos que le habían llegado con gran retraso y por una carta de su yerno Joaquín D. Casasús, supo que se había fundado una asociación literaria con el lema “Letras, artes y ciencias”, llevando el nombre de Liceo Altamirano. Y que, como sabía también que la presidía el poeta Manuel José Othón, quien a la sazón estaba en Tula, Tamaulipas, a él se dirigía para dar las gracias por la distinción que se le otorgaba.[1]

Esta corporación puede llamarse la continuadora de los trabajos emprendidos por el Liceo Mexicano que había tenido extraordinaria influencia en las letras patrias. Con la salida de Altamirano del país, todos sus compañeros y discípulos quisieron honrar su ausencia estableciendo un centro literario que llevara su nombre. En un principio el Liceo Altamirano y el Mexicano venían a ser lo mismo, ya que los miembros de uno y otro eran las mismas personas; pero a partir del 5 de marzo de 1893, 20 días después de la muerte de Altamirano, se constituye en Liceo Altamirano lo que antes había sido Liceo Mexicano Científico y Literario y éste desaparece definitivamente.

Este es el motivo por el cual el acta del 5 de marzo de 1893 tiene el membrete manuscrito de Liceo Mexicano Científico y Literario, significativamente cruzado, y más arriba en la parte superior el nuevo que dice: “Liceo Altamirano”. Las demás actas del Liceo Altamirano presentan las mismas características de forma que las del Liceo Mexicano Científico y Literario y el lema de la agrupación que cierra las actas sigue siendo el mismo del antiguo Liceo Mexicano: “Constancia y fraternidad".[2]

Cuando el 13 de febrero de 1893 murió en San Remo, Italia, Ignacio Manuel Altamirano, todas las asociaciones cubrieron las puertas de sus locales con crespones de luto, y entre ellas el liceo que llevó su nombre. Éste organizó una velada literaria en honor del gran escritor desaparecido. El socio Luis González Obregón fue el encargado de coleccionar las composiciones que debían integrar el folleto de la velada fúnebre en honor de Altamirano. El socio Agustín Núñez fue comisionado por el Liceo para pedir al Ministro de Fomento que sufragara los gastos de publicación. En atención a las manifestaciones de duelo que recibió el liceo con motivo de la muerte de su presidente honorario, Núñez envió al presidente de la república, general Porfirio Díaz, y al gobierno del estado de Guerrero, sendos mensajes de agradecimiento. Puede considerarse que con la desaparición de tan insigne literato se iniciaron los trabajos del Liceo Altamirano.

En las actas levantadas en las sesiones del Liceo Altamirano, puede apreciarse que la actividad literaria emprendida por el maestro Altamirano no había sido estéril, pues las críticas literarias siguieron realizándose a los trabajos presentados al liceo por escritores y poetas neófitos.

Respecto a estos trabajos poco puede decirse, pues son escasas las actas consultadas y éstas son todas del año 1893. En este tiempo fue presidente del grupo el poeta michoacano Carlos López. La crítica de las composiciones estuvo a cargo indistintamente de los socios Ezequiel A. Chávez, Balbino Dávalos y José P. Rivera. Entre los socios que presentaron trabajos literarios para ser sometidos a discusión debe citarse a Manuel Valerio Ortega, aficionado a traducir del inglés que presentó trabajos de esta índole en “Un mensaje de ultratumba” y “Lo que no está escrito”, esto último de David Swan. El poeta Manuel Larrañaga leyó el romance “Sobre el abismo” y el primer canto de un poema intitulado “Mextlixóchitl”.

Entre los socios que formaron el Liceo Altamirano pueden mencionarse a Joaquín D. Casasús, Ángel de Campo, Ezequiel A. Chávez, Luis González Obregón, Antonio de la Peña y Reyes, Carlos López, Enrique Fernández Granados, José P. Rivera, Manuel Ortega, Enrique Santibáñez, Joaquín Haro, Agustín Núñez, Manuel José Othón, Balbino Dávalos, Manuel Larrañaga, José María Bustillos, Guillermo Vigil, Luis G. Urbina, Enrique de Olavarría y Ferrari, Carlos Germán Amézaga, Rafael Alba, Bernabé Bravo, Alberto Michel, Arturo Paz y Agustín Silva.

El señor Sebastián A. Pérez propuso al Liceo Altamirano como socios a los guatemaltecos doctor Ramón A. Salazar, licenciado Domingo Estrada, licenciado Manuel Paz, Enrique Gómez Carrillo, Máximo Soto Hall, Ramón P. Molina, licenciado Rafael Murga, Alberto Mencos y licenciado Manuel Valle, con el fin de establecer lazos literarios entre las dos naciones vecinas.

Continuaron realizándose trabajos en el liceo hasta 1905. En el año anterior tuvo lugar la entrega de premios a los triunfadores del concurso literario que había organizado el liceo con motivo del tercer centenario de la aparición de la primera parte de El Quijote, en el Conservatorio de Música. Hubo algunos otros concursantes para el tema “La mujer en la obra de Cervantes”, habiendo obtenido el premio Rafael Zayas Enríquez. El jurado calificador estuvo integrado por Justo Sierra, José María Vigil, Telésforo García, José Porrúa, Rafael Reyes Espíndola y Joaquín D. Casasús.

El Liceo Altamirano celebraba sus reuniones mensuales con una cena en el Restaurante Sylvain, y otras veces en la casa de Joaquín D. Casasús, donde pudieron comentarse trabajos literarios.

Miembros del Liceo Altamirano

El Liceo Altamirano: presidente, licenciado Joaquín D. Casasús; licenciado Ignacio Mariscal, licenciado Justo Sierra, licenciado Victoriano Salado Álvarez, licenciado Ezequiel A. Chávez, licenciado Pablo Macedo, licenciado José López Portillo y Rojas, Federico Gamboa, Luis González Obregón, Juan de Dios Peza, Pablo González Montes, licenciado Antonio de la Peña y Reyes, licenciado Néstor Rubio Alpuche, Luis G. Urbina, Balbino Dávalos, Enrique Fernández Granados, licenciado Miguel Bolaños Cacho, licenciado José Porrúa, Telésforo García, José Juan Tablada, Félix Martínez Dolz, Amado Nervo, Juan B. Delgado, médico Enrique González Martínez, Salvador Díaz Mirón, Rafael Delgado, licenciado Manuel Sánchez Mármol, Carlos Díaz Dufóo, Juan Sánchez Azcona, Jesús E. Valenzuela, Rubén M. Campos, licenciado Roberto A. Esteva Ruiz, ingeniero Norberto Domínguez, ingeniero Manuel Torres Torija, licenciado Enrique Torres Torija, Agustín Alfredo Núñez, licenciado Enrique Martínez Sobral, Enrique Santibáñez, Gregorio Torres Quintero, Gonzalo de Murga, Manuel H. San Juan, Francisco A. de Icaza, Rodolfo Narro, Rafael de Alba, licenciado Toribio Esquivel Obregón, Luis G. Rubín y médico Rafael García Cantú.


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Altamirano, Ignacio Manuel Campo, Ángel de Casasús, Joaquín Demetrio Dávalos, Balbino Delgado, Rafael Díaz Mirón, Salvador Fernández Granados, Enrique Gamboa, Federico Gonzaga Urbina, Luis González Obregón, Luis Icaza, Francisco A. de López Portillo y Rojas, José Michel, Alberto Nervo, Amado Olavarría y Ferrari, Enrique de Paz, Arturo Peña y Reyes, Antonio de la Peza, Juan de Dios Sierra, Justo Tablada, José Juan Valenzuela, Jesús E.