Enciclopedia de la Literatura en México

Amado Nervo

Ángel Muñoz Fernández 1995 / 02 ago 2017 13:58

Nació en Tepic, Nayarit, en 1870 y murió en Montevideo, Uruguay, en 1919. Poeta. Estudió en el Seminario de Zamora. Se inició en el periodismo en Mazatlán. En la Ciudad de México se dio a conocer en revistas y diarios. Ingresó a la carrera diplomática y residió en Madrid y París. Colaboró, entre otras, en la Revista Azul de Manuel Gutiérrez Nájera y en la Revista Moderna.


/ 04 ago 2017 14:50

Versos suyos hemos venido publicando desde el día en que su nombre, doblemente “amado”, traspasó la frontera mexicana.

Perlas Negras decía que eran sus versos; pero el oriente de tales perlas indicaba que era un mar milagroso el mar que las producía, y un buzo afortunado el buzo que las arrebatara al misterio de las ondas.

Obra de explorador fue la obra de sus primeros años; y aunque él, desdeñosamente, parece referirla al dominio de los recuerdos de su adolescencia, desde que conoció

una monja que pasaba
por santa y que se llamaba
la hermana Melancolía,
Poemas, “La Hermana Melancolía”

creemos que ya en esa obra se revelaba el admirable poeta del presente.

Después de Perlas Negras vienen sus Místicas, en orden cronológico y por la mayor alteza del mérito. De estas flores profanas también conocen nuestros lectores el color y el aroma. Nada de ortodoxo tenía el místico jardín donde fueron cultivadas. Por allí había pasado, además, el espíritu de un prodigioso sembrado: aquél que esparció la simiente de que lo bello es lo raro.

Místicas, a pesar de no tener fines expresivamente heterodoxos, se atrajo la ira episcopal y en más de una diócesis mexicana fue prohibida su lectura.

Y no precisamente por tal hecho, sino por una cuestión de temperamento, el misticismo de Nervo ha venido evolucionando, y es su misticismo de hoy medio panteísta, medio cristiano, a lo Francisco de Asís, como puede observarse en su encantador y último poema: La Hermana Agua, escrito en París, donde residió los días del gran certamen universal.

Camarada suyo, hermano suyo, Rubén Darío. En compañía del inimitable autor de Prosas profanas lo conoció y trató íntimamente nuestro insigne Manuel Díaz Rodríguez. Y refiérenos el vigoroso autor de Ídolos Rotos que Nervo es pálido y enjuto, lo cual, unido a su misticismo, traele a veces el recuerdo de un joven monje que vio en la Biblioteca del Escorial, inclinado sobre un misal antiguo de enormes y artísticas mayúsculas.

La literatura, como a tantos otros, no ha logrado malearlo. Tan generoso y tan puro se conserva, —cuéntanos cuantos le conocen—, que ha llegado a ser eminentemente digno de ser amado.

Es un poeta en versos y en acciones, como hablando de un compañero suyo dijo algún día José Martí.

No ha llegado Nervo a los treinta años sin presentarnos una labor de la cual pueden enorgullecerse pocos. Además de las obras apuntadas y de El Bachiller —novela recientemente traducida al francés—, edítale un nuevo volumen de versos la casa Bouret, de París, y acaba de concluir Otras vidas, libro en prosa, adquirido ya por otra casa editora.

Quien estudia la obra de Nervo, puede observar que pertenece a la estirpe de los que confían en “seguir su propia vida, sin afiliarse a ninguna escuela y a ningún partido, porque en las manos de los sectarios también resultan falsas las verdades más indiscutibles, y odiosos los más nobles propósitos”; pertenece a la estirpe de los que confían en "seguir pensando bien, esto es, libremente, sin esclavizarse a ningún dogma y a ningún maestro, según el gran consejo de Pascal”.

Tiene la América grandes poetas —poetas inspirados y viriles—; Nervo no tiene afinidades con esa raza de batalladores y trascendentales; pertenece a la blasonada de los exquisitos, a lo que representa, al decir de Vincenzo Morello, el triunfo del sistema nervioso sobre el sistema muscular, la glorificación de la emoción interior sobre la emoción exterior, la victoria de la específica conciencia del individuo sobre la conciencia genérica del tipo. Según propia y bella confesión es él

un alma nocturna
que quiere tener estrellas.
Ibid.

En un libro a la manera del que escribió Vittorio Pica con el título de Letteratura d’eccezione, podría figurar perfectamente Amado Nervo; y allí nos hablaría el crítico, ahondando en el análisis, de los curiosos estados psicológicos que informan la obra del poeta, de la tácita hostilidad de éste a la democratización en el arte, del espíritu y forma del arte de este mismo poeta, y de las futuras orientaciones a que pueden conducirlo su sensibilidad expresiva y su intelectualidad refinada.

¿Peregrinará al claustro el misticismo de Nervo?

Nosotros creemos, y quizá no erramos, que se detendrá en ese radioso periodo en que el dilettantismo —tal como lo entendieron y practicaron sus sacerdotes—, vive la vida de todas las ideas sin someterse a ninguna. 

El Cojo Ilustrado, de Caracas


Seudónimos:

  • A.N.



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