Antonio Terán de la Torre


Lo único que asienta Beristáin sobre este autor es “vecino, a lo menos, de Mégico”,Biblioteca hispanoamericana..., ed. cit., s.v. y cita una sola obra Feliz y solemne pompa con que regresó de Mégico a su Santuario la prodigiosa imagen de Nuestra Señora de los Remedios (México, Viuda de Bernardo Calderón, 1653). En realidad, el impreso en cuestión lleva el siguiente título: Romance a la dichosa partida que Nuestra Señora de los Remedios hizo desta ciudad de México para su santuario, en 3 de iulio de 1653 años; los demás datos son correctos.

Para entender el relato de este romance hay que recordar que la ciudad de México padeció por problemas relacionados con la lluvia: si llovía en exceso, se inundaba; si no llovía venían la sequía y las hambrunas. En la ciudad las dos vírgenes más veneradas eran la de los Remedios y la de Guadalupe, y, en relación con la lluvia, cada una tenía un especialidad: a la de los Remedios se le rezaba para que lloviera; a la de Guadalupe para no hubiera inundaciones.Para estas devociones a las dos vírgenes, cf. Francisco de Florencia, La milagrosa invención de un tesoro escondido en un campo, México, Doña María de Benavides, viuda de Juan de Ribera, 1685; e Ignacio Carrillo y Pérez, Lo máximo en lo mínimo. La portentosa imagen de Nuestra Señora de los Remedios, conquistadora y patrona de la imperial ciudad de México, México, Mariano de Zúñiga y Ontiveros, 1808.. De hecho, una de las fiestas extra-litúrgicas más representativas era el traslado de la Virgen de los Remedios desde su santuario en Toltepec hasta la catedral para pedir lluvias, así como su regreso de la catedral a su santuario. Según Antonio Rubial esto llegaba a hacerse hasta doce veces al año.La plaza, el palacio y el convento. La ciudad de México en el siglo xvii, México, Conaculta, 1998, p. 55. Así describe Guijo en su diario esta particular ocasión:

[…] Continuó el estar la Virgen martes, miércoles, y jueves 3 de julio, en cuya presencia se cantó por el cabildo la misa conventual y antes de ella la rogativa, y luego este día a las tres de la tarde, estuvieron las religiones debajo de su cruz y preste […], y toda la clerecía precediendo las insignias de las cofradías con luces y mucho número de hombres y mujeres de todas naciones, con cera, que por devoción iban alumbrando a la Virgen; colgáronse las calles desde la de Tacuba hasta la Veracruz, acudió el virrey, visitador, real audiencia y tribunales, llevaron en hombros la clerecía las andas de la Virgen y el palio el regimiento de la ciudad. Salieron de la catedral con tan fuerte rigor del sol, que era imposible resistirlo, y llegando la cruz de la catedral al colegio de Santa Ana, subió hacia Guadalupe una nube negra, y habiéndose puesto en medio del cielo, fue tan grande el aguacero, que duró desde después de las tres hasta el amanecer del viernes […] Dejáronla [la imagen de la Virgen] esta noche allí y fue notable el concurso de gente toda la noche; veláronla los más graves religiosos de San Francisco, amaneció el viernes y a las siete de él con repique de campanas salió el cabildo y clerecía de su iglesia, y el virrey, visitador y audiencia y tribunales llegaron a Santa Clara, donde el Dr. don Pedro de Barrientos, juez provisor y vicario general, cantó una misa muy solemne, y acabada le dio gracias a Nuestra Señora de las mercedes que hacía a todo el reino en darnos agua, porque en dieciséis días que estuvo en la catedral no llovió en la ciudad más de un aguacero recio… Guijo, Diario, ed. cit., t. I, p. 219.

 

Podría decirse que en la poesía novohispana, particularmente del siglo XVII, hay toda una tradición de composiciones a las idas y venidas de la Virgen de los Remedios. Diego de Ribera compuso alrededor de doce poemas al respecto, Alonso Ramírez de Vargas, otros tantos, y Pedro Muñoz de Castro algún otro. De hecho, hasta donde se ha logrado averiguar, parece ser que este romance inaugura esa tradición, de ahí su inclusión aquí.



1 José Mariano Beristáin y Souza. Biblioteca hispanoamericana septentrional (Biblioteca del Claustro: Serie Faccimilar) México, Univesidad Nacional Autónoma de México, 1980, s.v. 

2 Para estas devociones a las dos vírgenes, cf. Francisco de Florencia, La milagrosa invención de un tesoro escondido en un campo, México, Doña María de Benavides, viuda de Juan de Ribera, 1685; e Ignacio Carrillo y Pérez, Lo máximo en lo mínimo. La portentosa imagen de Nuestra Señora de los Remedios, conquistadora y patrona de la imperial ciudad de México, México, Mariano de Zúñiga y Ontiveros, 1808.


3 La plaza, el palacio y el convento. La ciudad de México en el siglo xvii, México, Conaculta, 1998, p. 55.

4 Gregorio M. de Guijo, Diario (1648-1664), ed. y pról. M. Romero de Terreros, México, Porrúa, 1952, I, p. 219.

Última actualización: 18 de diciembre de 2013 a las 09:07



 
 


Antonio Terán de la Torre



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