2010 / 27 feb 2019 14:27
En su prólogo a Poetisas mexicanas,[1] escribe José María Vigil:
Fácil es comprender que a causa de lo deficiente de aquella enseñanza, el número de mujeres instruidas tenía que ser muy reducido en el antiguo régimen [el virreinato], y en vez de maravillarnos de esto, más bien nos debe sorprender el encontrar algunas que, traspasando los límites de la instrucción elemental, se dieron a escribir ya en prosa, ya en verso, recorriendo los campos de la literatura de la historia y de las ciencias. Desgraciadamente, de la mayor parte sólo nos han llegado los nombres, vagas indicaciones biográficas y noticias de obras que quedaron manuscritas y que tal vez hayan perecido.[2] Es de suponerse que las aficiones literarias, y especialmente las poéticas, prevalecieron en esos ingenios femeninos; pero la falta de medios de publicidad, y lo costoso que era la impresión de libros, oponían obstáculos insuperables para que diesen a la luz sus obras, no quedándoles más estímulo ni otro recurso de hacerse conocer, que los certámenes literarios.
Son, pues, muy escasas las noticias sobre esta autora. Lo único que sabemos, por Beristáin es que era natural de México. Según Josefina Muriel,[3] tal vez fuera nieta de Pedro de Medinilla que fue regidor y diputado en el Ayuntamiento de la ciudad de 1546 a 1558. Escribió las siguientes obras:
Relación en ovillejos castellanos de la feliz entrada del virrey Marqués de Villena, en Mégico, 28 de agosto de 1640 (México, Francisco Robles, 1640).[4]
Descripción en octavas reales de las fiestas de toros, cañas y alcancías, con que obsequió Mégico a su virrey, el Marqués de Villena (México, 1641).
A esta lista Beristáin habría de añadir, por ahora, unas décimas a san Pedro Nolasco, con las que participó, y ganó el primer lugar en esa categoría, en el certamen de 1633 (Relación historiada), un “Soneto al autor” dentro de los preliminares de Desagravios de Christo en el triumpho de su cruz contra el judaísmo de Francisco Corchero Carreño (México, Juan Ruíz, 1649) y una glosa con la que Estrada de Medinilla participó en el Certamen poético a la Inmaculada Concepción organizado por la Universidad (México, Viuda de Bernardo Calderón, 1654), con la que ganó el tercer lugar.
Dice Josefina Muriel: “la posición que tuvo en la sociedad fue sin duda alguna preeminente, con titulación de doña y buena posición económica […] Por como habla de su manera de vestir y de las otras, y por las reseñas y valoraciones que hace de lo que ve, se muestra como una mujer de mundo, elegante y culta”.[5]