Enciclopedia de la Literatura en México

Alonso de Alavés Pinelo

Dice de este autor Beristáin: “natural de Mégico, doctor y catedrático de leyes de su universidad, jurisconsulto docto y abogado de mucho crédito. Fue varias veces oidor interino de la Real Audiencia; y tan favorecido de Temis como de las musas”.Biblioteca hispanoamericana..., ed. cit., s.v. Beristáin cita varias obras, sin embargo todas excepto una, son de carácter jurídico. La única obra literaria de Alavés Pinelo es Astro mitológico político, túmulo en honor a la entrada del virrey don Luis Enríquez de Guzmán, conde de Alba de Aliste (virrey de Nueva España de 1650 a 1653), publicado por Juan Ruiz (México, 1650).

De la entrada del virrey a la ciudad de México, Guijo relata:

Domingo 3 de julio de este año [1650], entre las cinco y las seis de la tarde entró el señor virrey en esta ciudad, y le fueron a recibir a la iglesia de Santa Ana, extramuros de esta ciudad, la real Universidad en forma, el regimiento, alcades ordinarios y corregidor, tribunales de cuentas y real audiencia, todos a caballo, y le trajeron en esta forma, hasta llegar a la boca de la calle de Santo Domingo, donde acostumbra la ciudad recibir los virreyes, y en ella estaba un arco de dos rostros con la fábula de Proteo [sic: debería decir Perseo], que según la poesía, se le acomodó a la genealogía y descendencia del señor virrey; todo lo cual hizo el Lic. don Alonso de Alavez [sic] Pinelo, teniente de corregidor del reino, abogado de la real audiencia; llegado a este puesto, se le explicó lo pintado por un farsante…Gregorio M. de Guijo, Diario (1648-1664), ed. y pról. M. Romero de Terreros, México, Porrúa, 1952, t. I, p. 107.

En la dedicatoria del Astro mitológico, disculpándose de su posible impericia, el mismo Alavés se reconoce más como jurista que como poeta:

Después de tantos años de procesos de la jurisprudencia, ya como cathedrático en la Real Universidad desta ciudad, ya como abogado en la Real Audiencia; y quando más olbidado de las letras floridas que, con la austeridad y severa aspereza de aquella profesión, se marchitan en unos y se consumen en otros, he vuelto a la amenidad del Parnaso, donde (como Ulysses en su casa después de sus peregrinaciones) estuve a riesgo de que no me conocieran las Musas, pues para admitirme en él fue necesario que se rebolviessen todos los libros de su archivo para hallar mi matrícula…Astro mitológico político, México, Juan Ruiz, 1650, preliminares, s.f.

La noticia, ingeniosamente relatada, reviste cierto interés, pues confirma un hecho que se puede ir constatando en cada uno de los túmulos y certámenes: la poesía era oficio de letrados, sin importar su ocupación. Es más: era la poesía el crisol donde se cribaba el verdadero letrado. Se concebía como la síntesis enciclopédica de todos los saberes: científico, histórico, mitológico, emblemático, retórico, literario, etc. Contradictoriamente, el valor de estas composiciones está, en mi opinión, en esas características que las hacen para nosotros, lectores del siglo XXI, tan inaccesibles: su inevitable relación con el hecho histórico-social que las motiva y su carácter erudito. Me explico: en la concisión de un soneto o de un epigrama, de los que se colocaban en las paredes o soportes de los túmulos y arcos triunfales, el poeta debía lograr la más original trabazón entre algunos aspectos del acontecimiento o personaje celebrado y las noticias eruditas que eran el soporte de cualquier tejido alegórico digno de atención; todo ello aunado al dominio del oficio y a la constante búsqueda de hallazgos y complicaciones formales. Creo que estos poetas escribían adoptando el doble papel de autores y lectores (como, de hecho, lo eran: “un grupo selecto que es público de sí mismo”),Alfonso Reyes, Letras de la Nueva España, ed. cit., p. 79. esto es, teniendo en mente aquello que ellos, como lectores, quisieran encontrar en un texto: ese saber enciclopédico, el dominio de la técnica y la evocación, mediante ciertos giros lingüísticos y poéticos, de grandes poetas. No esperemos, pues, otra cosa de este trabajo poético y trataremos de leerlo y sopesarlo en sus propios términos.


1 José Mariano Beristáin de Souza, Biblioteca hispanoamericana septentrional, (Biblioteca del Claustro: Serie Fascimilar), México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1980, s.v.

2 Gregorio M. de Guijo, Diario (1648-1664), ed. y pról. M. Romero de Terreros, México, Porrúa, 1952, t. I, p. 107.

3 Astro mitológico político, México, Juan Ruiz, 1650, preliminares, s.f.

4 Alfonso Reyes, Letras de la Nueva España, México, Fondo de Cultura Económica, 1986, p. 79.




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