Eugenio de Salazar


09 dic 2013 / 08:37

Hasta hace poco, las únicas noticias sobre Eugenio de Salazar provenían principalmente de tres fuentes: un soneto autobiográfico incluido en el manuscrito de su Silva de poesía;Gallardo, Ensayo… (ed. cit.; s. v.) reproducido por José María Vigil (Reseña histórica de la literatura mexicana, pp. 239-240) y Francisco Pimentel (Historia crítica…, ed. cit., p. 46): “Nascí y casé en Madrid. Crióme estudiando / la escuela complutense y salmantina; / la licencia me dio la seguntina, / la mexicana de doctor el mando. // Las Salinas Reales fuy juzgando, / puertos de raya a Portugal vecina, / juez pesquisidor fuy a la contina / y estuve en las Canarias gobernando. // Oidor fuy en la Española, y Guathemala / me tuvo por fiscal; y de allí un salto / di en México a fiscal y a oidor luego. // De allí di otro, al tribunal más alto / de Indias, que me puso Dios la escala: / allí me abrasse su divino fuego” (Silva de poesía, ms., f. 302r). cinco cartas en prosa, “escritas a muy particulares amigos suyos”, incluidas también en el manuscrito de la Silva y publicadas por primera vez en 1866; y las noticias biográficas ofrecidas por Gallardo, primero en un artículo aparecido en el número 3 de la revista El Criticón (Madrid, 1835) y después en su Ensayo. Actualmente contamos con nuevos documentos que han completado la biografía de Salazar; entre otros, cartas y poesías, antes desconocidas, inéditas o inaccesibles, y su testamento y codicilo, descubiertos y dados a conocer por Humberto Maldonado.“Testamento y codicilo de Eugenio de Salazar”, en Hombres y letras del virreinato, eds. J. Quiñones Melgoza y M. E. Victoria Jardón, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1995, pp. 97-127.

Eugenio de Salazar nació en Madrid hacia 1530, hijo del militar y cronista Pedro de Salazar“Su padre pasa por ser un conocido historiador sobre el que todavía pesa alguna dudosa y confusa atribución literaria” (Víctor Infantes, “Eugenio de Salazar y su Suma del arte de poesía: una poética desconocida del s. XVI”, en Estado actual de los estudios sobre el Siglo de Oro. Actas del II Congreso de Hispanistas del Siglo de Oro, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1993, t. 2, p. 529). y de Aldonza Vásquez de Carrión.Según Gallardo, la madre fue María de Alarcón; por eso, durante mucho tiempo, se atribuyó a Salazar el “Alarcón” como segundo apellido. Sin embargo, el descubrimiento del testamento corrigió esta noticia: “a través de las líneas preliminares del testamento autógrafo, firmado justamente un año antes de su muerte, el propio autor revela que sus padres fueron en realidad don Pedro de Salazar y su mujer legítima doña Aldonza Vásquez de Carrión, vecinos ambos de la villa de Madrid” (Humberto Maldonado, art. cit. p. 98). Estudió leyes en Alcalá de Henares y Salamanca y se licenció en la de Sigüenza. En 1557, casó con doña Catalina Carrillo en Toledo, donde aparentemente permaneció hasta 1560, año en que tomó el cargo de fiscal en la Audiencia de Galicia. En 1567, fue nombrado gobernador de Tenerife y La Palma en Canarias, cargo que desempeñó hasta 1573 o 1574, cuando embarcó hacia Santo Domingo para tomar posesión del cargo de oidor de la Audiencia. Su estancia en Santo Domingo sólo duró dos años. En 1576, fue nombrado procurador fiscal y promotor de justicia de la Audiencia de Guatemala. Por el soneto dedicado a la virreina Blanca Enríquez, marquesa de Villamanrique,Esposa de Martín Enríquez de Almanza, virrey de Nueva España de 1568 a 1580. debió llegar a Nueva España antes de 1580. Entre julio de 1581 y mediados del año siguiente fue nombrado fiscal de la Real Audiencia y fue ascendido a oidor en 1589. En 1591 obtuvo el grado de doctor en la Universidad de México, donde fue rector de 1592 a 1593. Entre septiembre de 1599 y febrero de 1600, ocupó el cargo de consejero de Indias y regresó a España. Redactó su testamento en 1601 y murió el 16 de octubre de 1602.Méndez Plancarte (Poetas novohispanos. Primer siglo, ed., cit., p. xxii) había propuesto como posible fecha de muerte 1605; los descubrimientos de Maldonado han precisado la fecha.

Salazar dejó escritos varios estudios y tratados jurídicos (descritos en su testamento); varias cartas en prosaOnce publicadas por Antonio Paz y Meliá (Sales españolas o agudezas del ingenio nacional, 1902, ed. R. Paz Remolar, Madrid, Atlas, 1964) y otras descubiertas recientemente: J. Fradejas Lebrero, “Una carta inédita de Eugenio de Salazar” (Revista de Filología Española, 78, 1998, 157-169) y Humberto Maldonado, “Una carta desconocida de Eugenio de Salazar” (Hombres y letras del virreinato, pp. 129-136). y una considerable producción poética (fue poeta fecundísimo), la cual permanece, prácticamente, inédita. En vida de Salazar se publicaron: un soneto en los preliminares de Diálogo entre Pedro Barrantes Maldonado y un cavallero extrangero en que cuenta el saco que los turcos hizieron el Gibraltar (Alcalá, 1566), un “Soneto a la villa de Madrid” en el libro Hispania Victrix (Medina del Campo, 1570) atribuido a su padre, y las 37 octavas que acompañan los Diálogos militares de Diego García de Palacio (México, 1583). Forman el grueso de su obra poética dos manuscritos: la voluminosa Silva de poesía, 533 folios, actualmente conservada en la Academia de Historia de Madrid,Irónicamente, Salazar preparó con sumo cuidado el manuscrito de su Silva y dejó claras instrucciones de cómo y cuándo debería imprimirse: “Hijos, esta Silva de poessía no me determiné de publicarla en mis días porque, aunque (si no me engaño) tiene obras que pueden salir a la luz, temí por causa de mi profesión y officio no tuviessen algunos a desautoridad mía publicar e imprimir obras en metro castellano […] Si os resolviéredes en imprimir esta obra, hazedle un buen prólogo, no largo, y dirigirdla en él a persona que la authorize y os pueda hazer bien y favor […] Si alguno de vosotros fuere Dios servido que venga a México, allí la podréis imprimir, que ay imprenta, aunque no de muy buena letra, que el virrey dará licencia. Y para la impressión habéis de advertir mucho a las cosas siguientes […]: primeramente, que se imprima en buen papel y con buena tinta; y la letra, la mejor que se halle, y no sea pequeña, y en toda la obra sea una misma, excepto en las apostillas de los márgenes, que han de ser diferente: podrá ser ésta del margen scolástica chiquita. Y ponga el impresor estas apostillas en los lugares en que van en el registro. Que se haga la quantidad de letras vocales que sea necesaria, con comillas encima para señalar las sinalephas… (Silva de poesía, s. f.). Pimentel (op. cit., p. 44) supone que la Silva fue puesta en limpio y preparada para las prensas en México. Con todo, esta gran muestra de poesía hispánica de fines del siglo XVI, a uno y otro lados del Atlántico, permanece inexplicablemente inédita. y una composición alegórica de 76 folios titulada La navegación del alma.Editada por Jessica Locke en sus tesis doctoral “La navegación del alma” de Eugenio de Salazar: estudio y edición, México, El Colegio de México, 2005. Alfredo A. Roggiano hizo una ponderada síntesis de la personalidad de Eugenio de Salazar:

 

Salazar es escritor de educación universitaria. Sabe sus latines, conoce su Erasmo y se ha entrenado en agudezas intelectuales y técnicas retóricas. Hombre de casta y beneficiario de altos cargos burocráticos es, por tradición familiar y por la frecuentación de refinados medios sociales y círculos de cultura, un burgués hogareño con mentalidad cortesana; en cierto modo es un clerc que conoce su métier como un renacentista y que gusta portarse como criollo aprovechado. Personalidad cambiante, diestra y empeñosa, todo en él hace pensar que estaba bien preparado para resolver el conflicto estético que “tuvo que surgir cuando la raza y aun el habla de los españoles vinieron a troquelar con su sello todos nuestros elementos nativos” [A. Reyes].En este aire de América, ed. cit., p. 43.


Sin duda, “la poesía” de Salazar está reunida en la Silva de poesía, muestrario de las formas italianizantes preferidas por los poetas de fines del siglo XVI: sonetos, canciones, elegías, epístolas, octavas, etc. La Silva se compone de cuatro partes. En la primera se reúnen las “obras que Eugenio de Salazar hizo a contemplación de doña Catalina Carillo, su amada mujer”, y está dividida en dos secciones: obras pastoriles y sonetos, canciones, etc. En la segunda parte incluye las “obras que el autor compuso a contemplación de diversas personas y para diversos fines” (otra vez, sonetos, canciones, epístolas, etc.); aquí es donde Salazar da referencia de la poesía de Santo Domingo e incluye todo lo relacionado con México. La tercera parte “contiene las obras de devoción del autor” y la cuarta las célebres cartas “en prosa a muy particulares amigos suyos”.

Hay en la Silva –como observa Menéndez Pelayo–Historia de la poesía hispanoamericana, ed. cit., t. 1, p. 30. “muchas cosas medianas e insignificantes, en que la soltura degenera en desaliño, y la ternura conyugal en prosaísmo casero; pero hay en la parte erótica, es decir, en los innumerables versos hechos «a contemplación de doña Catalina Carrillo, su amada mujer», un afecto limpio, honrado y sincero, muy humano y cien leguas distante de la monotonía petrarquista”. Por otro lado, en Nueva España, como explica Méndez Plancarte, la invasión de la moda italianizante fue matizada por “la savia y el aire nuevos de sus temas históricos o descriptivos, alusiones locales y costumbristas, mexicanismos y rasgos del naciente carácter propio de sus gentes, dando al conjunto de esta poesía cierto sabor y tono ya mexicanos”.Poetas novohispanos. Primer siglo, ed. cit., pp. xxii-xxiii. También Menéndez Pelayo apunta estas características en la obra de Salazar: “[hay] en la parte descriptiva mucho lujo y gala de dicción, y ciertos conatos de dar a sus paisajes color local y americano…” (loc. cit.). Se puede ilustrar esta “incursión americana” en la manera como Salazar renueva las imágenes de los tópicos petrarquistas (cf. supra, p. 34). Por estas razones, Méndez Plancarte incluyó en su Antología fragmentos de la “Bucólica. Descripción de la laguna de México” y de la “Epístola al insigne poeta Hernando de Herrera”.Méndez Plancarte, Poetas novohispanos. Primer siglo, ed. cit., pp. 66-76. En la primera, se adelanta a Balbuena y hace su propia “grandeza mexicana” describiendo con llaneza “a veces desmayada” y “realismo prosaico”,M. Menéndez Pelayo, op. cit., t. I, p. 31. en octavas de desigual factura, el entorno físico de la ciudad de México. Quizás sea un poco más ambiciosa la “Epístola al insigne Hernando de Herrera”, aunque afectada del mismo prosaísmo antes mencionado. Sin embargo, el tema hace de ella un testimonio valioso: otra vez antes que Balbuena, Salazar ofrece un riquísimo cuadro de la prosperidad cultural, científica y literaria a la que había llegado la ciudad de México, prosperidad que explica el “virreinato de filigrana” (Alfonso Reyes) alcanzado en el siglo XVII.



1 José Bartolomé Gallardo, Ensayo de una biblioteca de libros raros y curiosos, Madrid, Gredos, 1968,  s. v. reproducido por José María Vigil (Reseña histórica de la literatura mexicana, pp. 239-240) y Francisco Pimentel (Historia crítica de la poesía y de las ciencias en México, México, Tipografía Económica, 1892, cit., p. 46): “Nascí y casé en Madrid. Crióme estudiando / la escuela complutense y salmantina; / la licencia me dio la seguntina, / la mexicana de doctor el mando. // Las Salinas Reales fuy juzgando, / puertos de raya a Portugal vecina, / juez pesquisidor fuy a la contina / y estuve en las Canarias gobernando. // Oidor fuy en la Española, y Guathemala / me tuvo por fiscal; y de allí un salto / di en México a fiscal y a oidor luego. // De allí di otro, al tribunal más alto / de Indias, que me puso Dios la escala: / allí me abrasse su divino fuego” (Silva de poesía, ms., f. 302r).

2 "Testamento y codicilo de Eugenio de Salazar”, en Hombres y letras del virreinato, eds. J. Quiñones Melgoza y M. E. Victoria Jardón, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1995, pp. 97-127.

"Su padre pasa por ser un conocido historiador sobre el que todavía pesa alguna dudosa y confusa atribución literaria” (Víctor Infantes, “Eugenio de Salazar y su Suma del arte de poesía: una poética desconocida del s. XVI”, en Estado actual de los estudios sobre el Siglo de Oro. Actas del II Congreso de Hispanistas del Siglo de Oro, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1993, t. 2, p. 529).

4 Según Gallardo, la madre fue María de Alarcón; por eso, durante mucho tiempo, se atribuyó a Salazar el “Alarcón” como segundo apellido. Sin embargo, el descubrimiento del testamento corrigió esta noticia: “a través de las líneas preliminares del testamento autógrafo, firmado justamente un año antes de su muerte, el propio autor revela que sus padres fueron en realidad don Pedro de Salazar y su mujer legítima doña Aldonza Vásquez de Carrión, vecinos ambos de la villa de Madrid” (Humberto Maldonado Macías, "Poesia de fiestas y solemnidaddes", en Historia de la literatura mexicana, coords. B. Garza Cuarón y G. Baudot, México, siglo XXI - Universidad Naciona Autónoma de México, 1996, ti. I., p. 98).

Esposa de Martín Enríquez de Almanza, virrey de Nueva España de 1568 a 1580.

6 Méndez Plancarte (Poetas novohispanos. Primer siglo, (1942), México: Universiad Nacional Autónoma de México, 1964,  p. xxii) había propuesto como posible fecha de muerte 1605; los descubrimientos de Maldonado han precisado la fecha.

7 Once publicadas por Antonio Paz y Meliá (Sales españolas o agudezas del ingenio nacional, 1902, ed. R. Paz Remolar, Madrid, Atlas, 1964) y otras descubiertas recientemente: J. Fradejas Lebrero, “Una carta inédita de Eugenio de Salazar” (Revista de Filología Española, 78, 1998, 157-169) y Humberto Maldonado, “Una carta desconocida de Eugenio de Salazar” (Hombres y letras del virreinato, pp. 129-136).

8 Irónicamente, Salazar preparó con sumo cuidado el manuscrito de su Silva y dejó claras instrucciones de cómo y cuándo debería imprimirse: “Hijos, esta Silva de poessía no me determiné de publicarla en mis días porque, aunque (si no me engaño) tiene obras que pueden salir a la luz, temí por causa de mi profesión y officio no tuviessen algunos a desautoridad mía publicar e imprimir obras en metro castellano […] Si os resolviéredes en imprimir esta obra, hazedle un buen prólogo, no largo, y dirigirdla en él a persona que la authorize y os pueda hazer bien y favor […] Si alguno de vosotros fuere Dios servido que venga a México, allí la podréis imprimir, que ay imprenta, aunque no de muy buena letra, que el virrey dará licencia. Y para la impressión habéis de advertir mucho a las cosas siguientes […]: primeramente, que se imprima en buen papel y con buena tinta; y la letra, la mejor que se halle, y no sea pequeña, y en toda la obra sea una misma, excepto en las apostillas de los márgenes, que han de ser diferente: podrá ser ésta del margen scolástica chiquita. Y ponga el impresor estas apostillas en los lugares en que van en el registro. Que se haga la quantidad de letras vocales que sea necesaria, con comillas encima para señalar las sinalephas… (Silva de poesía, s. f.). Pimentel (op. cit., p. 44) supone que la Silva fue puesta en limpio y preparada para las prensas en México. Con todo, esta gran muestra de poesía hispánica de fines del siglo XVI, a uno y otro lados del Atlántico, permanece inexplicablemente inédita.

9 Editada por Jessica Locke en sus tesis doctoral “La navegación del alma” de Eugenio de Salazar: estudio y edición, México, El Colegio de México, 2005.

10 Alfredo A. Roggiano, En este aire de América, México, Cultura, 1996, p. 43.

11 Marcelino Menéndez y Pelayo, Historia de la poesía hispanoamericana, Madrid, Librería General de Victoriano Suárez, 1911, t. I, p. 30.

12 Poetas novohispanos. Primer siglo, ed. cit., pp. xxii-xxiii. También Menéndez Pelayo apunta estas características en la obra de Salazar: “[hay] en la parte descriptiva mucho lujo y gala de dicción, y ciertos conatos de dar a sus paisajes color local y americano…” (loc. cit.). Se puede ilustrar esta “incursión americana” en la manera como Salazar renueva las imágenes de los tópicos petrarquistas (cf. supra, p. 34).

13 Méndez Plancarte, Poetas novohispanos. Primer siglo, ed. cit., pp. 66-76.

14 M. Menéndez Pelayo, op. cit., t. I, p. 31.



08 ene 2014 / 11:19

Una buena porción de su poesía ya realmente nos pertenece. Su Epístola a Herrera, llena de noticias sobre la cultura mexicana, lo muestra más profuso que fecundo. En cambio, es ameno cuando, en las pinturas de naturaleza, se deja invadir por el color local, sin que le empañen los ojos el recuerdo de las alegorías grecolatinas ni las convenciones del paisaje literario. Su laguna de México, su Bosque de Chapultepec, bastan para calificarlo de buen pintor de verso. Su fluidez, cunada en Garcilaso de la Vega, se eriza, a veces, de dificultosos aztequismos. Sus inventarios vegetales cobrarán ciudadanía en la poesía americana, vagos prenuncios de Andrés Bello. En el idilio de Chapultepec, el recuerdo de la Flérida, más que la leche blanca, se desarrolla inesperadamente en una sinfonía de alburas, preludio a los motivos monocromáticos que Gautier inspirará al Modernismo de Manuel Gutiérrez Nájera y de Rubén Darío.

Si en México hubiera seguido escribiendo aquellas cartas graciosas y satíricas que escribía en España, tal vez su gallarda prosa, que tanta falta nos hacía, hubiera sido de muy saludable efecto en estas tierras. Pero Salazar y Alarcón se nos volvió en México muy solemne. Hacía versos para enumerar los cargos que desempeñaba, y dejó ordenado que sus donosísimas cartas nunca se publicaran, por ser cosas de burla, y que en cambio se recogieran cuidadosamente sus “puntos de derecho”, de quien nadie se acordará jamás. 





 
 


Eugenio de Salazar

1530
16 de octubre de 1602

Obra en dominio público

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