Enciclopedia de la Literatura en México

Obras de Manuel Gutiérrez Nájera : poesía

mostrar Introducción

Obras de Manuel Gutiérrez Nájera. Poesía es el título bajo el que se publicó en 1896 el primer y único libro de poemas de quien fuera mejor conocido como el Duque Job (1859-1895), justo un año después de su muerte. Se imprimió en el Establecimiento Tipográfico de la Oficina del Timbre en la Ciudad de México. Con su publicación se consolidó una de las muestras más importantes de la poesía no sólo mexicana sino hispanoamericana, ya que Gutiérrez Nájera, al ser iniciador del modernismo —junto con el cubano José Martí (1853-1895)—, hubo de establecer algunos de los principales parámetros estéticos que caracterizan a la poesía de finales del siglo XIX en Hispanoamérica.  

De la edición se encargaron sus amigos; tiempo antes de su muerte, Nájera sostuvo diversas conversaciones con intelectuales de su círculo para discutir con fines editoriales la recopilación de sus poemas. Sin embargo, debido a su enfermedad, jamás los vio publicados en conjunto. Además de poesía, su producción literaria abarca cuento, narrativa, crónica y ensayo. A pesar de su incansable productividad, el único libro que Gutiérrez Nájera publicó como tal en vida, a sus 23 años, fue el volumen de relatos Cuentos frágiles (1883). Su obra, en toda su extensión genérica, se publicaba periódicamente en los diversos medios impresos para los que colaboraba.


Patricia Arredondo

Fundación para las Letras Mexicanas

mostrar Detalles de la obra

En el ejemplar, engalanado por un puntual y elogioso prólogo del célebre escritor y educador mexicano Justo Sierra —quien, según sus propias palabras, contrajo “el compromiso sobre la tumba del poeta”—, se reúnen 158 poemas organizados, mayormente, en orden cronológico; abarcan un periodo de diecinueve años (1876-1895), y van de su adolescencia, cuando comenzó a escribir sus primeros versos, hasta su muerte, a la edad de 35. Por lo que este corpus representa la muestra casi completa de la poesía que Nájera escribió a lo largo de su vida.

Si bien el orden cronológico fue el factor clave para la recopilación, se violenta en repetidas ocasiones de manera arbitraria. Erratas que los críticos se han empeñado en recalcar y socavar en ediciones posteriores. El volumen comienza con “Para entonces” (1887), uno de sus poemas más reconocidos, correspondiente al periodo central de su producción, en el cual el yo poético expresa su deseo de morir joven, pues asume la juventud como el esplendor de la vida.

Años después, en la edición de Porrúa dirigida por Francisco González Guerrero e impresa en 1953, se sumarían 47 poemas más —de los cuales 27 habían sido publicados por el investigador estadounidense Erwin. K. Mapes en 1942 y 1943 en la Revista Hispánica Moderna—. Posteriormente, Ángel Muñoz Fernández presentaría otros treinta, bajo en sello de Factoría, al lado del facsímil de la edición de 1896. En conjunto suman 235, concebidos ahora como la totalidad de los escritos por el poeta, aunque no se descarta la existencia de algunos más.

mostrar Las obsesiones de El Duque

Los poemas de Gutiérrez Nájera reunidos en la edición prologada por Sierra versan en torno a los temas que lo obsesionaron también durante su labor como narrador, cronista, ensayista y crítico: el ideal del arte, el amor, las mujeres, la muerte, la desilusión, el tiempo, la juventud y la universalidad, por mencionar sólo algunos.

Éstos son abordados con el estilo que lo habría de caracterizar más tarde y en el que se reconocen elementos parnasianos —el culto a la belleza y a la estilización—, simbolistas —el uso de símbolos para sintetizar una serie de valores trascendentales en su poética—, así como algunos otros que se nutren de distintas corrientes tales como el naturalismo, el impresionismo y el romanticismo. El tono de los poemas es predominantemente triste; sin embargo, también se encuentra en ellos un tono alegre, satírico e idealista.

Es importante señalar que uno de los preceptos que El Duque asumía como fundamentales en la poesía era la libertad de los temas como sustancia para la creación. El poeta debía interesarse por las cosas del mundo porque pertenecía al mundo. Gutierrez Nájera defendía la capacidad del poeta para expresar sus sentimientos bajo la forma que éstos le dictaran. Especialmente abogaba, como lo expresa en su ensayo “El arte y el materialismo” (1876), por la poesía sentimental pues creía que en ella se sintetizaba el mundo espiritual del hombre y se verificaban los bienes espirituales que, a su vez, se correspondían con la belleza a la que los modernistas aspiraban en su literatura:

La poesía sentimental abraza los cantos religiosos, las inspiraciones patrióticas, las cantigas amorosas, en suma, todo aquello que revela los sentimientos del poeta, ya sea por la mística meditación, ya por el ardor guerrero, ya por el lánguido suspiro.Manuel Gutiérrez Nájera, “El arte y el materialismo”, en Mañana de otro modo. Prólogo de Ana Elena Díaz Alejo; edición, selección y notas Yolanda Bache Cortés,  Alicia Bustos Treja, Belem Clark de Lara, Ana Elena Díaz  Alejo, Elvira López Aparicio. México: UNAM, 1995, p. 21.

El aspecto cosmopolita, es decir, la visión de que el artista pertenecía a una nación formada por todos los países —otro de los rasgos importantes en la poesía modernista—,  en el creador se manifiesta en el interés por todos los temas y la integración de elementos de diversas estéticas, los cuales le daban una mayor visión del mundo y enriquecían el ejercicio de su labor ampliando sus recursos. La libertad sustancial y formal disolvía las fronteras y articulaba las formas; lo verdaderamente importante en el arte era la unidad y, por supuesto, la sustancia; cada poeta tenía, con ello, la oportunidad de afirmar su individualidad creadora. La escritura se definía como un espacio espiritual para la existencia individual.


mostrar El positivismo y los modernistas

El Duque Job compartió generación con personajes como Salvador Díaz Mirón (1853-1928), Manuel José Othón (1858-1906) y Federico Gamboa (1864-1939) en México y José Asunción Silva y Rubén Darío (1867-1916) en Hispanoamérica, en quienes es posible observar un enorme interés por su literatura, de tal manera que su poesía no podría explicarse sin los trabajos anteriores de Gutiérrez Nájera en el verso. A ellos los precedieron algunos otros como Leopoldo Lugones (1874-1938) y Amado Nervo (1879-1919), quienes también participaron en la Revista Azul (1894-1896), publicación que Nájera fundó y dirigió al lado del escritor y periodista Carlos Díaz Dufoo (1861-1941) y en la cual ambos trataron de ofrecer una muestra de los ideales estéticos de la literatura de la época y de su círculo.

Los modernistas reaccionaron en contra del contexto socioeconómico de la época. El positivismo, impulsado por el desarrollo industrial, marcaba una transición en el modelo social y económico. Esto en México cercado por el Porfiriato (1876-1910), época en la cual el país al mando del general Porfirio Díaz —y de Manuel González por cuatro años— se desarrolló económicamente por medio del comercio y la industria. 

El modernismo respondía al proceso de modernización, al inicio de la Edad Moderna en el que América se incorporaba a la industria de la burguesía decimonónica y el concepto de mercado comenzaba a ser el eje rector de las actividades humanas. Iván Shulman, crítico especialista en el modernismo, resume:

A partir de la apertura del modernismo hispanoamericano —primera etapa de la Edad Moderna— la modernidad se inserta en el arte como estética proteica, descubridora de los persistentes conflictos entre tres ámbitos fundamentales: el político, el socioeconómico y el cultural.Ivan A. Shulman, El proyecto inconcluso. La vigencia del modernismo. México: Siglo XXI, 2002, p. 128. [1]

Manuel Gutiérrez Nájera siempre fue consciente de que sus obras “como todas las mercancías, sufren la ley de la oferta y demanda” como lo expresa en “La protección a la literatura” (1881). Por ello defendió la belleza ante la utilidad. El hastío y el desengaño los agobiaban; de ahí su respuesta en contra, en “El arte y el materialismo” (1876) el poeta afirma:

Guiados por un principio altamente espiritual y noble, animados de un deseo patriótico, social y literario, puesta la mira en elevados fines, alzamos nuestra humilde y débil voz en defensa de la poesía sentimental, tantas veces hollada, tantas veces combatida, pero triunfante de las desconsoladoras teorías del realismo, y del asqueroso y repugnante positivismo.Manuel Gutiérrez Nájera, “El arte y el materialismo”, en Mañana de otro modo. Prólogo de Ana Elena Díaz Alejo; edición, selección y notas Yolanda Bache Cortés,  Alicia Bustos Treja, Belem Clark de Lara, Ana Elena Díaz  Alejo, Elvira López Aparicio. México: UNAM, 1995, pp. 19-20.. [2]

Gutiérrez Nájera dedicó gran parte de su labor como ensayista y como periodista a realizar crítica social. Hablar desde él, le permitía integrar su experiencia a la crítica. El artista estaba involucrado en los problemas de su tiempo, le afectaban directamente y de algún modo recuperar su experiencia le permitía ir de lo subjetivo a lo objetivo, y viceversa. En el modernismo el artista comienza a escribir desde estos dos planos, la subjetivización de los hechos está al servicio de la racionalización de los mismos, la sensibilidad asociada con el espíritu es un punto de partida. De este modo, los artistas comenzaron a ser, en palabras de Shulman, “historiadores de su experiencia” como individuos en una sociedad en crisis.

Es así como sirviéndose del pasado, hablando desde el presente con miras hacia el futuro —“hoy como hoy; mañana de otro modo; y siempre de manera diferente”Manuel Gutíerrez Nájera, “Al pie de una escalera” en Mañana de otro modo. Prólogo de Ana Elena Díaz Alejo; edición, selección y notas Yolanda Bache Cortés,  Alicia Bustos Treja, Belem Clark de Lara, Ana Elena Díaz  Alejo, Elvira López Aparicio. México: UNAM, 1995, pp. 36. dice Nájera en “Al pie de una escalera” (1894)— los modernistas deconstruyeron y reformularon, forjando así, por medio de la crítica, el análisis y la creación, las bases para un nuevo modelo literario que impulsó más tarde a la generación de los Contemporáneos, pues a pesar de defender la individualidad no negaban su ser social. Los poetas influyeron, como afirma Sierra, “en la dirección general del alma poética de la sociedad”.Justo Sierra, prólogo a Obras de Manuel Gutiérrez Nájera. Poesía. Prólogo de Justo Sierra Méndez. México: Estab. Tipográfico de la Oficina Impresora del Timbre, 1896, p. XV.

mostrar Cruzamientos: las diferentes direcciones de la poesía del Duque

Mucho de lo que con frecuencia se apunta del talante de Manuel Gutiérrez Nájera es su actitud cosmopolita. En este sentido, El Duque expresa claramente en el siguiente fragmento de “El cruzamiento en la literatura” (1894) que: “El libre cambio es bueno en el comercio intelectual y tiene sobre el libre cambio mercantil la ventaja de que podemos establecerlo hasta con pueblos y naciones que no existen ya”.Manuel Gutiérrez Nájera, Obras I / Crítica literaria, ideas  y temas literarios, literatura mexicana. Investigación y recopilación Erwin K. Mapes, edición y notas Ernesto Mejía Sánchez, Introducción  Porfirio Martínez Peñalosa, índices Yolanda Bache Cortés y Belem Clark de Lara.  Nueva Biblioteca Mexican. México: Universidad Nacional Autónoma de México / Instituto de Investigaciones Filológicas, 1995 p.  102. Pues si bien el mercantilismo se basaba en tener claras las fronteras para fines de la importación y exportación de bienes, lo que Nájera esperaba es que éstas no existieran, sobre todo en el arte, pues para él debía de ser en todo momento libre, en circulación y temas. El Duque decía al respecto:

no quiero que imiten a los poetas españoles; pero sí quiero que conozcan modelos extranjeros; que adapten al castizo estilos ajenos; que revivan viejas bellezas, siempre jóvenes; en resumen, que su poesía se vigorice por el cruzamiento.Manuel Gutiérrez Nájera, Obras I / Crítica literaria, ideas  y temas literarios, literatura mexicana. Investigación y recopilación Erwin K. Mapes, edición y notas Ernesto Mejía Sánchez, Introducción  Porfirio Martínez Peñalosa, índices Yolanda Bache Cortés y Belem Clark de Lara.  Nueva Biblioteca Mexican. México: Universidad Nacional Autónoma de México / Instituto de Investigaciones Filológicas, 1995 p.  103-104.

Gutiérrez Nájera reconocía la relación materia-espíritu al afirmar: “el idealismo rebaja la materia para engrandecer el espíritu; el materialismo rebaja el espíritu para engrandecer la materia”.Manuel Gutiérrez Nájera, “El arte y el materialismo”, en Mañana de otro modo. Prólogo de Ana Elena Díaz Alejo; edición, selección y notas Yolanda Bache Cortés,  Alicia Bustos Treja, Belem Clark de Lara, Ana Elena Díaz  Alejo, Elvira López Aparicio. México: UNAM, 1995, pp. 27. Dicha afirmación se entiende si se recuerda que el romanticismo europeo fue considerado como “una reacción de la intuición contra la razón, del espíritu contra la materia”,Manuel Gutiérrez Nájera, “El arte y el materialismo”, en Mañana de otro modo. Prólogo de Ana Elena Díaz Alejo; edición, selección y notas Yolanda Bache Cortés,  Alicia Bustos Treja, Belem Clark de Lara, Ana Elena Díaz  Alejo, Elvira López Aparicio. México: UNAM, 1995, pp. 27. en ese sentido Nájera no era un romántico, tampoco un materialista: en la unión de ambos elementos se encontraba su estética.  El artista no escapaba del proceso mercantilista que lo sujeta a la competencia y lo debe asumir como un productor. En una sociedad como en la que Nájera habitaba, los artistas debían integrarse al nuevo sistema que operaba, tenían que comenzar a ser parte de la economía del país.

El Duque se apropió de algunos recursos formales de la poesía española, ensayó una valiosa variedad de metros, sobre todo el eneasílabo y el alejandrino, practicó la rima asonante y la consonante, lo que permitió a su vez la experimentación con diversos esquemas rítmicos, los cuales dotaban al poema de efectos musicales que transmitían la emocionalidad y matizaban la intención. Lo que hizo Gutiérrez Nájera fue, en palabras de Justo Sierra, “amalgamar el espíritu francés y la forma española”. Justo Sierra, prólogo a Obras de Manuel Gutiérrez Nájera. Poesía. Prólogo de Justo Sierra Méndez. México: Estab. Tipográfico de la Oficina Impresora del Timbre, 1896, p. XV.

A El Duque se le asume con regularidad como un romántico tardío, pues es posible ver en su poesía algunos de los rasgos propios de este tipo de literatura. No obstante, se trata más bien de una actitud típica de los modernistas, quienes asimilan las diversas estéticas de su tiempo (romanticismo, simbolismo, naturalismo, etc.) y las devuelven bajo un crisol nuevo.

Entre los textos dentro de los cuales es posible observar la influencia del romanticismo español está “Efímeras” (1881), poema de principios de su producción poética, en el cual el yo lírico expresa su preocupación por las cosas del espíritu reflejadas en la naturaleza:

¿Adonde su disco encierra

El rojo sol cuando cierra

La tiniebla su capuz?

¿Y adonde, triste y bellas

Van las pálidas estrellas

Cuando aparece la luz?Manuel Gutiérrez Nájera, “Efímeras”, vv. 13-18, Obras de Manuel Gutiérrez Nájera. Poesía. Prólogo de Justo Sierra Méndez. México: Estab. Tipográfico de la Oficina Impresora del Timbre, 1896,  p. 129.

Nájera utiliza constantemente las preguntas retóricas para expresar su desconcierto o incertidumbre ante ciertas situaciones, o para enfatizar sobre algún aspecto ante el que el poeta no encuentra respuesta o explicación. En los versos anteriores lo hace para reflexionar acerca de la finitud de las cosas, otra de sus grandes obsesiones. Se habla de la desaparición o de la extinción de algo que primero es evidente a los ojos del hombre: el Sol, la luz, elementos de un mismo campo semántico que bien podrían ser símbolos del amor por su carácter de intangible, y luego se ausenta o desaparece dando paso a su elemento contrario: alusión a lo perecedero o lo mudable.

Los versos menores, heptasílabos y octosílabos, que utiliza son de tradición popular española, y en ellos se percibe la musicalidad de las cancioncillas, gracias a la rima consonante de predilección najeriana. Aunque no tanto en la forma, pero sí en la sustancia y los recursos retóricos utilizados, este ejemplo nos remite a la rima XXXVIII de Bécquer:

Los suspiros son aire y van al aire.

Las lágrimas son agua y van al mar.

Dime, mujer, cuando el amor se olvida,

¿sabes tú adónde va?ustavo Adolfo Bécquer, “Rima XXXVIII”, vv. 1-4, en Ciudad Seva, disponible en línea, [http://www.ciudadseva.com/textos/poesia/esp/becquer/rimyley/38.htm] (Consultado el 15 de julio de 2015).

En ésta, la metáfora es la síntesis de un silogismo, indica la relación entre elementos de la naturaleza y el carácter humano: las lágrimas están hechas de agua, son agua y su fin es en mar, puesto que el mar es el cauce, a lo que el poeta realiza un paralelismo con el amor: ¿de qué está hecho el amor? ¿cuál es su elemento o sustancia propia? ¿a dónde va cuando muere? El olvido como metáfora o consecuencia de la muerte; como contrario del amor. Esta consecución de inferencias lógicas, es también una de las características de la poesía najeriana. La apropiación es indudable.

mostrar La fe de mi infancia: el fervor católico

Una de las apropiaciones en la poesía de Gutiérrez Nájera es la de autores españoles. Durante un primer momento, en las poesías correspondientes a los años en que comenzó a escribir, asumido como “adoración católica”Justo Sierra, prólogo a Obras de Manuel Gutiérrez Nájera. Poesía. Prólogo de Justo Sierra Méndez. México: Estab. Tipográfico de la Oficina Impresora del Timbre, 1896, p. V. por Justo Sierra, sus lecturas incluyeron a Bécquer, Pérez Galdos, Juan Valera y Campoamor. También a los místicos españoles: San Juan de la Cruz, Santa Teresa y Fray Luis de León, de quienes se le reconoce el fervor católico inculcado por su madre y que fue uno de los motivos de su producción literaria temprana. Entre los ejemplos de este periodo se encuentran poemas como “María” (1877), “Dios” (1877), “La cruz” (1877) y “La fe de mi infancia” (1878), en los cuales realiza un encomio a las cualidades de los santos, de Cristo y de Dios. Además se reafirma la fe católica del poeta y preponderan las imágenes asociadas a símbolos de la Iglesia.

Para Nájera la religión era parte del mundo espiritual y, por tanto, pertenecía al orden de la belleza. En ella está representada la naturaleza de lo inmortal, que fue una búsqueda constante en su vida y en su obra. En el ejemplo siguiente, “María”, el poeta hace uso del endecasílabo, un verso que ensayó con constancia, en el cual se advierte la tradición sonetística española para realizar una alabanza a la Virgen. Los sonetos que Nájera escribió son escasos. El soneto fue una forma con la que Nájera no congenió, en comparación con Rubén Darío, quien integró los elementos modernistas a sus sonetos. El poema se organiza en quintillas:

Sonó la voz de Dios: «Tú, en cuya frente

quise derramar de mi grandeza el sello,

derramando sobre ella eternamente

la luz del claro sol; tú, en cuya mente

de mi gloria inmortal puse un destelloManuel Gutiérrez Nájera, “María”, vv. 1-5, Obras de Manuel Gutiérrez Nájera. Poesía. Prólogo de Justo Sierra Méndez. México: Estab. Tipográfico de la Oficina Impresora del Timbre, 1896,  p. 35.

Las imágenes hacen alusión lo mismo a referencias y símbolos católicos que de la mitología griega. La comparación y la definición también son constantes en la poesía de Gutiérrez Nájera: “Ella es la madre del linaje humano”.Manuel Gutiérrez Nájera, “María”, v. 36, Obras de Manuel Gutiérrez Nájera. Poesía. Prólogo de Justo Sierra Méndez. México: Estab. Tipográfico de la Oficina Impresora del Timbre, 1896,  p. 36. La definición sirve al poeta para realizar metáforas o aseverar la visión de los objetos o las cosas.

En esta etapa se presenta una de las temáticas que se habrían de establecer como propias en su poesía, una inquietud que también se habría de presentar en los demás géneros en los que se desenvuelve: la de la mujer. Gutiérrez Nájera tiende a mitificar la figura femenina en sus diversas facetas: como madre  —por ello en su poesía católica aparecen los símbolos católicos de la maternidad, la pureza y la castidad— como amada, como amante, como esposa y como amiga. En la mujer se materializa la fuente inagotable de la poesía: el amor.

Entre los poemas amorosos de Nájera están “Siempre a ti” (1876), “Invitación al amor” (1882),“En su alcoba” (1884), “De amores” (1885). Y en los de desamor “Resurrexit” (1883):  “Tu amor no muere en mí: vive dormido”, afirma el yo poético.

La manera en que el poeta habla acerca de sus ilusiones y sus desilusiones amorosas también evoluciona. Su poesía amorosa va del amor puro al amor sensual. Lo espiritual se materializa y el cuerpo es donde se manifiesta el amor y la sensualidad, por eso encontramos constantemente descripciones de mujeres, puesto que las cualidades corporales hablan de sus cualidades espirituales. Eso que ve el poeta en ellas es lo que despierta el sentimiento. En la pasión se concentra la búsqueda del ideal: del amor, la belleza y la inmortalidad, en “Carta abierta” (1882) dice al respecto:

¡Así es el hombre! Tántalo que tiene

la sed del ideal, la poesía:

una mujer a su camino viene

y exclama el corazón: ¡ésa es la mía!Manuel Gutiérrez Nájera, “Carta abierta”, vv. 25-28, Obras de Manuel Gutiérrez Nájera. Poesía. Prólogo de Justo Sierra Méndez. México: Estab. Tipográfico de la Oficina Impresora del Timbre, 1896,  p. 146.

De la misma manera en que al poeta lo obsesionó el amor, lo obsesionó la muerte. Su poesía también es, en muchos sentidos, elegíaca. Lo inquietaba la enfermedad pues padecía hemofilia, pero también encontraba en ella un símbolo de los  males de su época.  Pues la precariedad y la situación en que vivia parte del pueblo hacía que las personas, los marginales, enfermaran y murieran. De este tipo encontramos poemas como “Mimí” (1880), “Cómo murió Magdalena” (1881), en aquel anota:

Si alegre, gallarda y bella

la veis pasar por allí

no os imaginéis que es ella…

¡Ya está bien muerta Mimí!Manuel Gutiérrez Nájera, “Mimí”, vv. 41-44, Obras de Manuel Gutiérrez Nájera. Poesía. Prólogo de Justo Sierra Méndez. México: Estab. Tipográfico de la Oficina Impresora del Timbre, 1896,  p. 85.

En este poema usa cuartetas de octosílabos con rima consonante para describir al cadáver de Mimí, el tono del poeta es solemne y pícaro cuando dice “¡Deja ya el lecho, perezosa! / Hoy es domingo, mi bien”.

mostrar Nom omnis moriar: la juventud crepuscular y la inmortalidad del arte

Los poemas que Gutiérrez Nájera  dedica a la muerte son numerosos “Si tu murieras”  (1880). También a los que hablan o exaltan la juventud. Asumía a esta última como la etapa cumbre de la vida; morir joven era así parte del ideal, se moría en el esplendor. En algunos de estos poemas también se habla de ella y de la vida como una mano que corta la flor que recién ha brotado. Le preocupa también el paso del tiempo y el carácter perecedero de las cosas, por ello aboga por la inmortalidad a través del arte.

En el arte está el espíritu de las cosas, por ello todo poema debe ser bello o aspirar a la belleza como ideal. La poesía es la forma que encuentra el poeta para “no morir del todo”,Manuel Gutiérrez Nájera, “Non omnis moriar”, vv. 33-36, Obras de Manuel Gutiérrez Nájera. Poesía. Prólogo de Justo Sierra Méndez. México: Estab. Tipográfico de la Oficina Impresora del Timbre, 1896,  p. 346. eso lo sintetiza en el poema que lleva por título la frase latina “Non omnis moriar” (1893):

porque existe la Santa Poesía

y en ella irradias tú, mientras disperso

átomo de mi ser esconda el verso,

¡no moriré del todo, amiga mía!Manuel Gutiérrez Nájera, “Non omnis moriar”, vv. 33-36, Obras de Manuel Gutiérrez Nájera. Poesía. Prólogo de Justo Sierra Méndez. México: Estab. Tipográfico de la Oficina Impresora del Timbre, 1896,  p. 347.

mostrar Paisajes para el álbum: el sitio de la imagen

Los símbolos en la poesía de Gutiérrez Nájera funcionan como una asimilación de procesos culturales e históricos. En las imágenes que construye con regularidad es notorio. Entre esta asimiliación está la de los espacios. Gutierrez Nájera es un poeta de la ciudad pero su poesía no sólo habla de la ciudad sino que pinta lo mismo grandes paisajes como escenas domésticas.

Es recurrente, por un lado, que el poeta vuelva hacia su interior trazando una geografía íntima. Los espacios privados del hogar, como las alcobas y los estudios enfatizan una individualidad que tiene la necesidad de autoafirmarse frente a un contexto que exige del artista su utilidad social y económica; así, dicha retirada se convierte en una estrategia para plasmar en su literatura la dicotomía vida pública / vida privada acentuada por la cultura burguesa. Un ejemplo de esta actitud lo podemos encontrar en el poema “La noche de San Silvestre” fechado en 1879; la voz poética reclama este retraimiento desde las primeras estrofas:

                                   El libro abierto en la indolente mano,
                                   entre azuladas espirales de humo
                                   el néctar apurado de un habano,
                                   mientras las doce dan, espero y fumo.

                                   He cerrado las puertas y los balcones
                                   y arrojando mi cuerpo entumecido
                                   en medio de dos blancos almohadones
                                   los perezosos miembros he extendido.

                                   Alegre el grillo en su agujero brinca,
                                   helado el cierzo sopla por afueraManuel Gutiérrez Nájera, “La noche de san Silvestre”, vv. 1-10, Obras de Manuel Gutiérrez Nájera. Poesía. Prólogo de Justo Sierra Méndez. México: Estab. Tipográfico de la Oficina Impresora del Timbre, 1896,  p. 65.

El poeta escapa del bullicio y desagrado del mundo exterior para situarse en una zona de confort donde le es posible meditar y estar en contacto con su yo más profundo: “mientras todo en la quietud se duerme / abro la urna de mi alma y pienso”.Manuel Gutiérrez Nájera, “La noche de san Silvestre”, vv. 27-28, Obras de Manuel Gutiérrez Nájera. Poesía. Prólogo de Justo Sierra Méndez. México: Estab. Tipográfico de la Oficina Impresora del Timbre, 1896,  p. 64.

Como reverso de la misma moneda, está el interés que los paisajes abiertos, exteriores, cobran dentro de la poética del Duque Job. Descripciones de crepúsculos, mares y valles pueblan su imaginario poético; la noche como la imagen de una exterioridad avasallante es recurrente. El poema “Tristísima Nox”, particularmente en su fragmento IV, es un claro ejemplo:

La noche no desciende de los cielos,
es marea profunda y tenebrosa
que sube de los antros: mirad cómo
aduéñase primero del abismo
y se retuerce en sus verdosas aguas.
Sube, en seguida, a los rientes valles,
y, cuando ya domina la planicie,
el sol, convulso, brilla todavía
en la torre del alto campanario,
y en la copa del cedro, en la alquería,
y en la cresta del monte solitario.Manuel Gutiérrez Nájera, “Tristísima nox. IV”, vv. 1-11, Obras de Manuel Gutiérrez Nájera. Poesía. Prólogo de Justo Sierra Méndez. México: Estab. Tipográfico de la Oficina Impresora del Timbre, 1896,  p. 175.

 

Otro tipo de exterioridad es, como se ha adelantado, la de la ciudad y sus espacios públicos. En los textos que mantienen esta temática se retratan las costumbres así como se hace referencia a elementos de la industrialización, a referentes de otros países: telas importadas, monumentos, melodías. Esto como parte de su interés por integrar diversos elementos. Lo anterior se refleja, como una escena de la cotidiana vida nocturna,  en el poema “Después del teatro” de 1879:

Salíamos del teatro: tú apoyada
con languidez artística de mi brazo;
muy cerca de mi pecho, tu regazo,
muy cerca de mi alma, tu mirada.

Bajamos la escalera: enmudecían
nuestros labios, tus ojos se entonaban,

[...]
Aun te contemplo púdica y esbelta,
como una maga vaporosa, envuelta
entre nubes de blanca muselina.

[...]
¿Te acuerdas? Avanzamos muy despacio,
por la angosta calleja, en los oleajes,
mirando deshacerse los celajes,
kaleidoscopio inmenso del espacio.

[...]
Un mármol de Canova tu semblante
y un sueño de Bellini tu palabra.

Así cruzamos por la calle muerta,
y en amorosa plática estuvimos,
hasta que pronto por mi mal nos vimos
de tu escondido hogar junto a la puerta.Manuel Gutiérrez Nájera, “Después del teatro”, vv. 1-6, 9-11, 16-19, 26-31, Obras de Manuel Gutiérrez Nájera. Poesía. Prólogo de Justo Sierra Méndez. México: Estab. Tipográfico de la Oficina Impresora del Timbre, 1896,  pp. 117-118.

 

Entre este interés general por las cosas, por el cruzamiento y la cosmopolitismo literario, se encontraba la idea de la unión o la hermandad entre las naciones. En el poema “Francia y México” expresa, nuevamente en endecasílabos:

Los pueblos son hermanos: Dios no quiere

este odio universal, esta locura,

esta guerra implacable que convierte

al mundo en un tablado en que pasea

esa terrible trágica: la muerte.Manuel Gutiérrez Nájera, “Francia y México”, vv.71-75, Obras de Manuel Gutiérrez Nájera. Poesía. Prólogo de Justo Sierra Méndez. México: Estab. Tipográfico de la Oficina Impresora del Timbre, 1896,  p. 167.

 

Formalmente una de las aportaciones más importantes de la poesía de Nájera es la integración de la melodía en el verso, influencia de la literatura francesa y de las ideas estéticas de Wagner. El Duque leía en francés a sus autores predilectos, entre sus más admirados estaban Alfred de Musset y Víctor Hugo.

mostrar La Duquesa Job: las costumbres de la época y la consolidación de poesía

“La Duquesa Job” es uno de los claros ejemplos de cruzamiento. En el poema pueden encontrarse algunos de los principales elementos modernistas, partiendo del nombre, en el que se contrapone el título de duquesa a Job, el personaje bíblico símbolo de la humildad y la devoción católica, en cierto sentido éste es una síntesis de contrarios.

El poema se adelanta y versa en torno a una modista, símbolo de la modernidad, describe las costumbres y actividades de belle époque mexicana y de la dama: el tipo de baile que se ejercitaba, la hora del té, haciendo uso de una estructura clásica, con una sonoridad festiva, en la que se integran neologismos y anglicismos —y con ellos se considera la integración del mercantilismo y los extranjerismos que el modernismo no reconocía como tal sino como parte de esa misma nación integrada por todos los países, en ese sentido las palabras eran de todos, de uso común, con referentes comunes— a la rima consonante de los decasílabos.

La integración de anglicismos y galicismos al esquema rítmico y métrico es una de las constantes en la poesía najeriana. Con ellas lograba esa especie de refinamiento que buscaba, lo que sumado a la adjetivación dotaba al poema de diversos matices y coloraturas:

Mi duquesita, la que me adora,

no tiene humos de gran señora:

es la griseta de Paul de Kock.

No baila Boston, y desconoce

de las carreras el alto goce

y los placeres del five o'clock.Manuel Gutiérrez Nájera, “La Duquesa Job”, vv.12-17, Obras de Manuel Gutiérrez Nájera. Poesía. Prólogo de Justo Sierra Méndez. México: Estab. Tipográfico de la Oficina Impresora del Timbre, 1896,  p. 200.

 

El poema más reconocido de Gutiérrez Nájera es éste sin duda, pero “La Duquesa Job” (1884) pertenece a una época en la que el poeta ya había consolidado su estilo, tras ocho años de escritura; y el texto se ha vuelto uno de los textos que han servido de estandarte al modernismo hispanoamericano. En este poema el poeta ya pinta a la sociedad transformada por la revolución industrial. Pacheco afirma que es “el primer poema que se escribe para una clase media urbana”José Emilio Pacheco, “Manuel Gutiérrez Nájera: el sueño de una noche porfiriana” Letras Libres, febrero 2000. [http://www.letraslibres.com/revista/convivio/manuel-gutierrez-najera-el-sueno-de-una-noche-porfiriana] Consultado en mayo de 2014 y en él es posible observar a un Duque ya consolidado en su tiempo, su arte y su estética.

mostrar Para entonces, la suerte crítica de Manuel Gutiérrez Nájera

Es un hecho que la poesía modernista y el impulso estético que Gutierrez Nájera realizó en su trabajo poético y en los demás géneros que con tanto ahínco ejerció, así como la labor de edición y divulgación materializada en la Revista Azul, fueron un modelo para las generaciones que los precedieron, reivindicaron el papel del artista y la importancia de la literatura en la sociedad, haciéndola ser un instrumento, además de bello, crítico, esto sin perder el sentido del humor.

La poesía de El Duque se corresponde con las etapas que José Emilio Pacheco señala en su estudio introductorio a la Antología del modernismo: el culto preciosista, la constatación del lirismo personal y el esfuerzo por captar la vida de América. Éste lo describe en su ensayo “Manuel Gutiérrez Nájera: el sueño de una noche porfiriana”  como el mayor escritor mexicano del siglo XIX.José Emilio Pacheco, “Manuel Gutiérrez Nájera: el sueño de una noche porfiriana” Letras Libres, febrero 2000. [http://www.letraslibres.com/revista/convivio/manuel-gutierrez-najera-el-sueno-de-una-noche-porfiriana] Consultado en mayo de 2014 Shulman asegura que su literatura “no sólo es de las obras primigenias del modernismo sino de la modernidad artística”.Ivan A. Shulman, El proyecto inconcluso. La vigencia del modernismo. México: Siglo XXI, 2002, p. 128. Gutiérrez Nájera, apunta Ana Elena Díaz Alejo, “va hacia lo original, lo diferente, lo inesperado; se encamina hacia lo intuido, lo que no ha sido visto, lo que sólo puede percibir desde cierto ángulo: ideas, sensaciones, poesía”.Ana Elena Díaz Alejo, “Prólogo” a Mañana de otro modo. Edición, selección y notas Yolanda Bache Cortés,  Alicia Bustos Treja, Belem Clark de Lara, Ana Elena Díaz  Alejo, Elvira López Aparicio. México: UNAM, 1995, p. 12.

La publicación de Obras de Manuel Gutiérrez Nájera. Poesía es sin duda un punto central para el estudio de la poesía modernista hispanoamericana. Al ser el corpus en el que pueden identificarse claramente ya los rasgos que se hubieron de consolidar como modernistas: el refinamiento del lenguaje, el afán de integrar diversas estéticas para hablar de su tiempo, la sonoridad rítmica, la enorme cantidad de referencias a pintura, música, poesía, a otras artes. Su lectura y análisis es imprescindible para entender la evolución de la literatura del siglo XIX hacia el siglo XX.


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mostrar Bibliografía

Gutiérrez Nájera, Manuel. Obras de Manuel Gutiérrez Nájera. Poesía. Prólogo de Justo Sierra Méndez. México: Estab. Tipográfico de la Oficina Impresora del Timbre, 1896.

____________________. “El arte y el materialismo” en Mañana de otro modo. Prólogo de Ana Elena Díaz Alejo; edición, selección y notas Yolanda Bache Cortés,  Alicia Bustos Treja, Belem Clark de Lara, Ana Elena Díaz  Alejo, Elvira López Aparicio. México: UNAM, 1995.

____________________. Poesía. Prólogo de Justo Sierra; edición y presentación Ángel Muñoz Fernández. México: Factoría Ediciones, 2000.

____________________. Obras I / Crítica literaria, ideas  y temas literarios, literatura mexicana. Investigación y recopilación Erwin K. Mapes, edición y notas Ernesto Mejía Sánchez, Introducción  Porfirio Martínez Peñalosa, índices Yolanda Bache Cortés y Belem Clark de Lara.  Nueva Biblioteca Mexican. México: Universidad Nacional Autónoma de México / Instituto de Investigaciones Filológicas, 1995.

Pacheco, José Emilio. “Manuel Gutiérrez Nájera: el sueño de una noche porfiriana” Letras Libres, febrero 2000. [http://www.letraslibres.com/revista/convivio/manuel-gutierrez-najera-el-sueno-de-una-noche-porfiriana] Consultado en mayo de 2014.

Schulman, Iván. El proyecto inconcluso. La vigencia del modernismo. México: Siglo XXI, 2002.

Va. Aa. Antología del modernismo 1884-1921 /selec., introd. y notas José Emilio Pacheco. México : Universidad Nacional Autónoma de México, Ediciones ERA, 1999.

mostrar Enlaces externos

Bornay, Érika. "¿Quién teme a la “Femme Fatale”? Génesis y desarrollo del mito en el siglo XIX".

Clark de Lara, Belem. "Por donde se sube al cielo y la poética de Manuel Gutiérrez Nájera".

Kurz, Andrés. "La transformación de estereotipos femeninos en el modernismo mexicano a raíz de una adaptación de El retrato de Dorian Gray".

Pacheco, José Emilio."Manuel Gutiérrez Nájera: El sueño de una noche porfiriana".

 
Lectura a cargo de: José Ramón Enríquez
Música: Triciclus Circus Band
Operación y postproducción: Fabiola Rodríguez/ Cristina Martínez
Año de grabación: 2015
Género: Poesía
Temas: Manuel Gutiérrez Nájera (Ciudad de México, 1859-1895). Poeta, traductor, periodista y médico cirujano. Iniciador del modernismo en México y el primer novelista de esa corriente en Hispanoamérica. Intentó ser seminarista pero lo abandonó para dedicarse al periodismo, actividad que inició desde los dieciséis años. Fue uno de los fundadores de la Revista Azul. Colaboró en diversos periódicos y revistas como El Monitor del Pueblo, El Universal y La Voz de México, en los cuales siempre firmó con seudónimos como “Duque Job”. Cultivó el género de la lírica, el cuento, el ensayo, la crónica, así como la crítica literaria y la crítica de teatro. Es autor de poemas como “Hamlet a Ofelia”, “Odas Breves” y “La Serenata de Schubert”. De sus libros, Cuentos frágiles (1883) fue el único que publicó en vida. También escribió la novela Por donde se sube al cielo (1882) y en Descarga Cultura.UNAM puedes escuchar los títulos La novela del tranvía e Historia de un peso falso. Los tres poemas que se presentan en esta ocasión, son piezas representativas de la obra lírica de Manuel Gutiérrez Nájera. En éstas convergen corrientes como el parnasianismo, el simbolismo y el romanticismo, así como las formas literarias desarrolladas durante el Siglo de Oro español. Sobre el título “La Duquesa Job”, José Emilio Pacheco señaló que es el primer poema realmente moderno escrito en México y mencionó que “ilustra el método, al mismo tiempo librecambista y expropiador, que le resultó de tal manera fecundo (…) Por su levedad y su gracia el taconeo de la Duquesa Job no ha dejado de resonar en las avenidas de la poesía mexicana”. La lectura y la selección de estos textos es de José Ramón Enríquez. Agradecemos la colaboración musical de Triciclus Circus Band. D.R. © UNAM 2016