Enciclopedia de la Literatura en México

Secreciones, excreciones y desatinos

Tardé algún tiempo –para ser exacto setecientos cincuenta y cinco días, más de dos años− en desarrollar mis poderes espirituales y librarme de los obstáculos que me hacían percibir sólo la realidad palpable y finalmente interpretar aquellas señales que las heces me proporcionaban. Para lidiar con símbolos y metáforas es necesaria mucha atención y paciencia. Las heces, lo puedo afirmar, son un criptograma, y yo había descubierto sus códigos de desciframiento. (“Copromacia”)

Luis no era un hombre de lecturas, a no ser aquellos libros de pensamientos y máximas, muchas de las cuales se sabía de memoria, porque tenían verdades eternas. Una de ellas era de Miguel de Cervantes, un viejo escritor español: la inclinación natural de la mujer es desdeñar a quien la quiere, pero amar a quien la desprecia. Así, aquella mujer no podía saber que él estaba enamorado de ella. ¿Cómo conquistarla? Lo cierto es que no podía correr el riesgo de que Loreta descubriera el amor que sentía, eso echaría todo a perder, como el maestro español advertía desde lo alto de su sabiduría. (“Mujeres y hombres enamorados”)

Al oler el sudor del tipo también había logrado ver su reloj, tener buen ojo es tan importante como tener buena nariz, y cuando hablo de buena nariz no me refiero a la nariz sin septo de la señora de negro. Estrategia de artista, la del negro, que fingía escarbar los botes de basura. Pero no debió haberse bañado con jabón ni usar un Breitling en la muñeca si quería aparentar que dormía en medio de las cucarachas. Las personas no ponen atención a los detalles y se joden. (“La entrega”)

* Esta contraportada corresponde a la edición de 2003. La Enciclopedia de la literatura en México no se hace responsable de los contenidos y puntos de vista vertidos en ella.