Cabría preguntarse, luego de un vistazo relámpago a las páginas de este libro, si lo que tenemos en las manos corresponde a una novela breve o a un volumen de microrrelatos. Cabría hacerse esa pregunta tal como cabría cuestionarse -torpemente- dónde termina el sueño y comienza la pesadilla o dónde acaba el porno e irrumpe el terror. No hay frontera entre el perineo y los orificios: todo es cuerpo, todo es carne, todo es territorio para el placer y el horror, TODO ES CANCHA. Y eso bien lo sabe Francisco Enríquez Muñoz, quien a la manera de Freddy Krueger prodigioso perpetua en éstas, sus Pesadillas, la desfiguración de los géneros y nos ofrece una experiencia violenta común a todos quienes sobrevivimos a este lado del matadero: la pesadilla latinoamericana.