Como actor de un sacrificio prometeico, Luis Alfonso Angulo Segura emprende la búsqueda del fuego que fue privado de los hombres. En el camino encuentra la redención de su mortal límite pero logra compartir la incipiente llama de una voz poética que persistirá a los vaivenes del mundo. Así, el poeta se hace vidente, capaz de transformar el desarreglo de sus sentidos. En Alquimia para la edificación del mundo, Luis Angulo nos muestra que puede ser moderno Prometeo y, aún más, que el poeta, como escribió Arthur Rimbaud, es realmente ladrón de fuego.
Roxana Cortés
Roxana Cortés
* Esta contraportada corresponde a la edición de 2013. La Enciclopedia de la literatura en México no se hace responsable de los contenidos y puntos de vista vertidos en ella.